18 de mayo de 2021
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El Pesebre del Papa Benedicto

25 de noviembre de 2012

tampoco hubo mula, ni buey, y la estrella que guió, supuestamente, a los Reyes Magos hasta la cuna de humildes pajas  fue, simplemente, un fugaz resplandor.

Con su repentina salida editorial, el Pontífice ha dejado en interinidad, entre otras cosas, cientos de villancicos encabezados –en el caso de Colombia– por “Tutaina”, “A la nanita nana” y “El duraznero” que los niños cantan bellamente desafinados durante la novena, con gran devoción, acompañados de panderetas, al pie del pesebre que amorosamente les arman sus padres, tíos y abuelos desde la ultima semana de noviembre para no hacerle más resistencia al afán navideño de los infantes.

De conformidad con lo que ha dicho el Papa Benedicto, también quedan hechos trizas temas tan famosos como “El burrito sabanero” que va camino de Belén o el melancólico “Mamá, ¿dónde están los juguetes”?

Un preocupado padre de familia hacía votos porque que no venga agazapado en el libro del Pontífice algún segmento en el que niegue rotundamente que sea el Divino Niño el que les trae a los pequeñines, al amanecer del 25 de diciembre, los regalos de navidad y que acabe de tirarse el dulce encanto de la época más bella del año, diciéndoles que ese trabajito (el de los “traídos”) corre por cuenta de papá y mamá.

La exclusión por vía papal de los dos cuadrúpedos de la tierna Noche de Paz motivó hace tres días, en el diario “La Razón”, de Madrid, España, este análisis de notable columnista peninsular Alfonso Usía:

“Respeto profundamente a Su Santidad el Papa Benedicto XVI. Con independencia de su espiritualidad, admiro su inteligencia y su cultura. El Papa es un gran escritor y un formidable músico. Los alemanes nacen con la música incrustada en el alma, pero además la estudian, y casi todos terminan dominando un instrumento. En el caso del Santo Padre, el piano. Pero creo que se ha equivocado al afirmar que en el Portal de Belén no había ni mula ni buey. También nos lo figurábamos, pero esa inexistencia no aporta ninguna ventaja a la tradición”… “El Papa ha borrado de un plumazo centenares de estrofas de villancicos, y miles de poemas. Podría haber esperado a enero para hacer público su veredicto. Desde niño puse en duda lo de la mula y el buey, pero nunca me atreví a dar publicidad al asunto. Sospechaba sobre todo de la mula, que para muchos era una mula y para otros tantos un burro o una burra. En el bovino, plena coincidencia, pero no en el equino. Y para los españoles ha resultado reconfortante al máximo la confirmación de la existencia de los Reyes Magos, en detrimento de la imagen de Santa Claus, Papa Nöel y San Nicolás, un personaje nada de fiar y que tiene más nombres que un estafador profesional”.

Según el señor Usía, “Su Santidad no ha pensado, probablemente, en la faena que nos ha hecho a los que montamos un Nacimiento cuando la Navidad se acerca. Ha cambiado de manera radical la estética del Portal de Belén, que sin mula y sin buey pierde atractivo para los niños. Y a los villancicos tenemos que cambiarles la letra con carácter de urgencia porque si mencionamos a la mula o burra y al buey, nos puede dar la risa”.

En su libro “Historias de Navidad”, la investigadora Ofelia Peláez cuenta que en algunos países le hacen innovaciones al pesebre de acuerdo con sus costumbres y su folclor. Por ejemplo, en la representación alemana (la de los paisanos del Papa Benedicto) aparece Santa Claus y en algunos de ellos también se les incluye un payaso que sostiene las cuerdas de globos rojos, amarillos y verdes.

La apostilla:
En la exposición de pesebres de Dayton, Ohio, Estados Unidos, el Niño Jesús usa pantalones de vaqueros azules con camisa a cuadros (de leñador), y los Reyes Magos son jefes indígenas, con su tocado de plumas, que en lugar de oro, incienso y mirra, le regalan al recién nacido maíz, agua fresca y un tamborcito.