30 de noviembre de 2021
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‘Din don, din don’, para Leonardo Favio

7 de noviembre de 2012
7 de noviembre de 2012

leonardo favioComo la de este parroquiano, se han multiplicado desde el pasado lunes -cuando se conoció el deceso del músico, intérprete, compositor y cineasta en una clínica de la capital argentina- las postales en señal de duelo de uno de los máximos representantes de la canción romántica latinoamericana, cuyas melodías han hecho eco por varias generaciones.

En Colombia

Cabe recordar que el recordado cantor de himnos románticos imperecederos como ‘Fuiste mía un verano’, ‘Ella ya me olvidó’, ‘Mi tristeza es mía y nada más’, entre tantas que escribió y cantó a lo largo de su pródiga existencia, sentó precedente en Colombia, país a donde llegó por primera vez a principios de los años 60 y donde años más tarde se exilió, en 1976, tras el golpe de Estado en su país de origen, cuando él militaba para el Partido Justicialista, adscrito al Peronismo.

Colombia, lo aseguró Leonardo en múltiples declaraciones, fue su «patria sentimental», la nación que mejor logró entender e interpretar sus sueños, su ideología, y por supuesto, el meollo de sus alegorías al amor, a la libertad, a los amigos y a esas cosas sencillas de la vida a las que cantó y retrató en sus letras: una ‘foto de carné’, un ‘barquito’ de papel’, una simple ‘cajita de madera’, unos ‘lápices de colores’ y todas esas profundas quimeras que nutrían el niño ávido de lúdicas y memorias que lo acompañó hasta el último suspiro, cuando emprendió el viaje eterno a la edad de 74 años.

Testimonio

Un colombiano que tuvo la oportunidad de compartir con él en el fragor de los años 70, cuando la canción romántica atravesaba su época dorada, fue el sogamoseño Edgar Hozzman, reconocido profesional de los medios, en especial de la radio, productor y director musical de varias estaciones radiales y sellos disqueros, por ese entonces, manager adjunto de la CBS (hoy Sony Music).

Hozzman, hoy radicado en Londonderry, New Hampshire (USA), nos envía estas sentidas palabras, a manera de réquiem:

«Fue un artista en quien se fusionaban virtudes que lo hicieron único, integral: cineasta preocupado por la estética y la riqueza argumental, factores que lo catapultaron a la fama internacional. Dos de sus películas, ‘Juan Moreira’ y ‘Nazareno Cruz y lobo’, recaudan el notariado sensible y comprometido de su identidad y de su relación con lo divino y humano.

Exiliado

En Colombia y buena parte de Iberoamérica se le recordará como cantautor. A través de su obra descifró las necesidades líricas y melódicas de su generación, la de los años sesenta. Su inspiración lo mantuvo vigente desde 1968 hasta finales del siglo XX, cuando por motivos de salud tuvo que retirase de los escenarios.

Tuve la oportunidad de acompañarlo en tres giras por Colombia. Estos hechos me dieron la oportunidad de conocer un artista preocupado por el folclore y su identidad cósmica. Él estaba seguro que su origen era estelar, concepto que comparto. En Popayán, le pregunté: ¿Cuál es su inspiración para plasmar en sus canciones textos pletóricos en sensibilidad y ternura, con las que se identifican públicos tan heterogéneos?

«Mi origen -respondió- es sirio libanés, raza de poetas, de la que heredé algo».

Leonardo Favio fue un hombre fiel a sus convicciones, creyó y fue seguidor de Perón a quien calificaba como ‘El León’. Cuando le cuestioné sobre el calificativo, me contestó, «El General, era un león herbívoro». Por motivos políticos tuvo que exilarse en los años setenta y parte de los ochenta en Colombia, España y en México. Hijos paisas

Aquí, en nuestro país, vivió siete años en Pereira, ciudad en la que crecieron sus hijos, de los que se enorgullecía por su acento paisa. El último gran éxito de Leonardo lo produjo y arregló el maestro colombiano Mario Cuesta: ‘Mas que un loco’.

Lo anecdótico de este tema es su origen. En alguna oportunidad coincidieron en el aeropuerto de Ciudad de Panamá Leonardo Favio y Leo Dan. Favio le pidió un tema. Sin ningún problema el cantautor le tarareó ‘Más que un loco’, que Leonardo copió en una grabadora. Meses después Leo Dan me comentaba sorprendido. «¡Ché!, lo del éxito que logró Favio con mi tema es cosa de locos. Lo voy a grabar para ver que recojo». Leonardo fue un ser superior, quien no dudaba en admirar y reconocer el valor de los grandes folcloristas, poetas y músicos; nunca se detuvo ante la mediocridad de músicas intrascendentales. Todas sus canciones tienen un gran contenido romántico o social. Él y sus melodías fueron el motivo de inspiración para que le gente de mi generación dibujara una sonrisa de amor. Dios lo tenga donde se merece».

Espiritual

Confesó lector de la Biblia y de Jorge Luis Borges, Leonardo Favio, ya aquejado por las debilidades de la vejez y la enfermedad, se aisló del mundanal ruido para dedicarse a los asuntos espirituales, a la introspección y aislamiento de todo lo necio, vago y material.

Tuve la oportunidad de entrevistarlo varias veces. Justamente, de estos temas que conciernen al ir y devenir de la condición humana, conversamos para este diario en 2007. Va un fragmento de la charla como recordatorio.

¿Desde cuánto está concentrado en los asuntos religiosos?

«Siempre me ha interesado el tema. Lo espiritual ha sido fundamental en mi vida. Y en ese búsqueda he sido un peregrino constante».

¿Cuál es su idea de Dios?

«Dios es la Gran Conciencia Universal. Es el centro de la energía cósmica. Es el verbo que nos nutre y nos hace más llevadera la vida».

¿Cree que el arte es una manera de expresar su sensibilidad religiosa?

«Eso es evidente. Pienso que la religión está involucrada en el arte. La chispa espiritual aviva la materia y es cuando fluye lo creativo».

¿El arte nos acerca más a Dios?

«El arte es un pequeño divertimento, un poco más sano que algunas profesiones. Pretender que nosotros o que algún oficio en particular se pueda acercar a Dios es demasiado, es como que una hormiga quisiera comprar su cerebro con el de Einstein».

Fuera de la música y el cine, ¿cuál es esa otra forma de la expresión y el pensamiento que lo llena?

«La literatura. Yo no leo, releo. A Borges lo debo haber releído mil veces. Cada vez que me voy de viaje lo pongo en la valija. Borges tiene la fortuna de viajar siempre al lado de su majestad, la Biblia».

¿Qué le interesa de la Biblia?

«La Biblia me apasiona. El Génesis, por ejemplo, tiene un vuelo poético maravilloso. Ni hablar de Los Salmos y el Cantar de los Cantares: todo eso es poesía pura».

¿Cómo observa la trascendencia de su arte en las nuevas generaciones?

«El impacto de mi obra pasa como la fugacidad de un periódico. Sirve para los estudiantes, para la gente que ama el cine, pero no para modificar la historia».

Leonardo Favio, por siempre en la memoria.