8 de diciembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Colombia ha perdido la mitad del territorio

28 de noviembre de 2012
28 de noviembre de 2012

albeiro valencia llano Hoy recordamos con asombro cómo los dirigentes del Estado entregaron la Amazonia a Brasil, Perú y Ecuador; parte de la Guajira a Venezuela; la Moskitia y las islas Mangle, a Nicaragua;  y en una tremenda torpeza “dejaron ir” a Panamá.

El archipiélago de San Andrés y Providencia

Este larguísimo conflicto parece una historia para una película. Se trata de un archipiélago con islas mayores y menores: San Andrés, Providencia, Santa Catalina y los cayos de Roncador, Quitasueño, Serrana, Serranilla, Bajo Nuevo, Alburquerque y cayos Este-sureste. España tomó posesión en 1510, y en 1538 se integraron a la Audiencia de Panamá; seis años después pasaron a la Capitanía de Guatemala y Nicaragua. Desde 1563 hicieron parte de la Provincia de Panamá y se inició una larga historia rica en leyendas, fábulas, tesoros y batallas, donde los corsarios, piratas y aventureros, de Inglaterra y Holanda, fueron los grandes protagonistas.

Pasaron los años y estos filibusteros y forajidos se fueron mezclando con los nativos, los indios Miskitos o Moskitos. Hubo desarrollo del comercio, auge económico y llegaron grupos de ingleses puritanos quienes, en calidad de colonos, sentaron sus reales en Providencia. Pero los  corsarios o piratas ingleses se habían adueñado de las islas. El más famoso era Francis Drake, quien desde 1572 invadía y saqueaba puertos e islas del Caribe, a nombre del gobierno inglés; años después llegaron Morgan, Mansvelt y Christopher Myngs. Para esta época el protagonismo se lo llevó Henry Morgan (1635-1688), más conocido como el Pirata Morgan; vivía en Jamaica como representante del gobierno inglés, en calidad de Teniente Gobernador y tenía su centro de operaciones en San Andrés. Así se explica la leyenda de “La Cueva de Morgan”, rica en tesoros escondidos.

Pero España logró barrer los corsarios ingleses y puso el archipiélago bajo dependencia del Virreinato de Santa Fe, en noviembre de 1803; el rey Carlos IV le quitó la Moskitia (Costa de Nicaragua, Costa Rica y Panamá) y el archipiélago de San Andrés, a la capitanía de Guatemala y se la entregó al Virreinato de la Nueva Granada, con la esperanza de que administrara mejor ese lejano territorio.

En la Independencia tomó posesión del archipiélago el francés Louis Aury quien simpatizaba con Bolívar y abrazó su causa. Luego el general Santander empezó a ejercer soberanía sobre las islas, en 1821, y el 23 de junio de 1822 se izó por primera vez la bandera colombiana en la Vieja Providencia, que era la capital del archipiélago. Hacia 1838 se disolvieron las Provincias Unidas de Centro América y hubo que deslindar los territorios que hacían parte de la Capitanía General de Guatemala; como consecuencia Colombia conservó las islas que le habían entregado por la Real Orden de 1803.

Los ataques de Nicaragua

Cuando agonizaba el siglo XIX nuestro país estaba viviendo una larga etapa de guerras civiles que fue aprovechada por sus “enemigos” para quitarle territorio. En 1890 Nicaragua invadió las islas Mangles, que hacían parte del archipiélago de San Andrés y nuestro gobierno sólo tuvo alientos para enviar una nota de protesta por medio del ministro Jorge Holguín (bisabuelo de la Canciller María Ángel Holguín).

Pero al país le siguieron arrebatando territorios. En 1900 perdió la Moskitia costarricense, en un arbitraje que resolvió el presidente de Francia y en 1903, se le fue Panamá, con apoyo de Estados Unidos. Desde 1913 varios gobiernos de Nicaragua buscaron los medios para quedarse con todo el archipiélago de San Andrés y Providencia, hasta que llegó el tratado Esguerra-Bárcenas (1928). En este año los plenipotenciarios Manuel Esguerra, por Colombia y José Bárcenas, por Nicaragua, acordaron lo siguiente: nuestro país reconocía la soberanía de Nicaragua sobre la Costa Moskitos, además de las islas Mangle Grande y Mangle Chico. Y Nicaragua reconocía la soberanía de Colombia sobre el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Pero se incluyó un artículo según el cual “no se consideran incluidos en este tratado los cayos de Roncador, Quitasueño y Serrana; el dominio de los cuales está en litio entre Colombia y los Estados Unidos de América”.

La nueva fase del conflicto

Esta última etapa parte del  4 de febrero de 1980, cuando el presidente Daniel Ortega declaró que el Tratado era nulo porque cuando se firmó, Nicaragua estaba ocupada militarmente por Estados Unidos. A Ortega se le apareció la Virgen con este caballito de batalla. El caso fue llevado por Nicaragua a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya, el 6 de diciembre de 2001, reclamando la soberanía sobre el archipiélago; solicitó, además, establecer un límite marítimo para ambos países mediante una línea entre las costas continentales de Colombia y Nicaragua.

El 3 de diciembre de 2007 la Corte dio la razón a Colombia, al reconocer la validez del Tratado Esguerra-Bárcenas y nuestra soberanía sobre San Andrés, Providencia y Santa Catalina, pero dejó abierto el caso para definir “qué otros cayos hacen parte del archipiélago y cuál es la delimitación marítima entre los dos Estados”. Aquí estaba el peligro para nuestro país. Según el Tratado Esguerra-Bárcenas, todo lo que está al este del meridiano 82 es de Colombia y lo que está al oeste pertenece a Nicaragua. Por lo tanto la CIJ iba a definir a qué país pertenecen los cayos Roncador, Quitasueño, Serrana, Serranilla, Bajo Nuevo y Alburquerque, más una franja de mar de aproximadamente 50 mil kilómetros cuadrados.

Es una rica zona patrimonio ambiental, donde se practica la pesca artesanal y comercial, con enormes recursos en petróleo e importante desde el punto de vista geopolítico. Se sabía que en este pleito Colombia podía perder mucho, mientras que para Nicaragua cualquier cosa era ganancia. En esta dirección se entienden las palabras de la Canciller María Ángela Holguín, cuando dijo en el mes de abril, “que debemos tener en la mente que cualquier cosa puede pasar en esas posiciones salomónicas que ha tenido la Corte”. Por supuesto le llovieron rayos y centellas.

Quedamos trasquilados

Y la Corte falló. El tribunal reconoció la soberanía del país en los siete cayos, pero enclavó los de Quitasueño y Serrana, que ahora están en el área marítima de Nicaragua. Lo más grave es que perdimos cerca de 75.000 kilómetros cuadrados de nuestro mar territorial. Además cambiaron los límites con Honduras, Costa Rica y Panamá y se afectó el orden limítrofe en el Caribe. Con razón dijo Daniel Ortega que “Nicaragua ha crecido en territorio gracias a leyes internacionales y a la CIJ que le devolvió al país miles de miles de kilómetros cuadrados en el mar Caribe”.

Hoy despertamos de la pesadilla y comprobamos con horror que perdimos otro pedazo del país. ¡Hemos manejado mal las relaciones internacionales porque la Cancillería, las comisiones asesoras, los embajadores y los cónsules, se escogen con criterio político!