15 de mayo de 2021
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A propósito de la muerte de Tico MacCausland

22 de noviembre de 2012

ernesto

La velocidad con que se mueve el mundo no es indiferente para los medios que por el contrario en la búsqueda de no quedarse atrás han eliminado de su portafolio las historias que antes arrebataban momentos de complacencia para los lectores ávidos de conocer sujetos de carne y hueso y entornos recreados con lucidez por los maestros del oficio.

Se ha creído que los cronistas son unos individuos que se escampan de paso en  el periodismo para saltar a las grandes ligas de la literatura.

García Márquez ha defendido un criterio que hoy puede ser discutido, no porque haya dejado de ser el oráculo de la profesión, sino porque está demostrado que no es como él afirma que el “periodismo es literatura hecha a la carrera” .Por el contrario el periodismo es con hechos reales mientras que la literatura puede nutrirse de la imaginación. Mientras la crónica exige rigor en tiempos, espacios, contextos la literatura puede nutrirse de inverosimilitudes.

Los malabares de los literatos pueden ser especulativos rondando lo irreal mantenido con fiereza por el encanto de sus sobresalientes plumas aunque muchas veces pueden quedarse cortos porque en la ambigüedad de la existencia del ser humano las realidades que notarían los cronistas pueden ser superiores a las noveladas. Pero ese es otro factor de contenido ontológico de mayor especulación en ámbitos académicos que se ocupan de estos menesteres.

Hoy no hay cronistas porque los periódicos y las revistas  no publican con el argumento contundente que la gente no tiene tiempo de leer grandes historias.

Esta premisa puede ser materia de discusión porque no hay mejor manera de entretener a un lector y atornillarlo que presentándole narraciones con encanto. Esos textos atrayentes  antes se constituían en la materia prima del buen medio escrito y eran solaz y regocijo a través del manoseo sublime de la hoja del papel periódico y que en lectura de izquierda a derecha iban desenchufando de la realidad al receptor.

Las revistas en especial concebidas para incluir narrativas elaboradas por grandes plumas han decaído en su filosofía original aunque se insinúan  nuevos escarceos que asoman la posibilidad de que se vuelva por el camino de las historias bien contadas.

Puede ser que en vista de los recurrentes efectos del péndulo se regrese a la crónica como sustancia del buen periodismo y que las narraciones cuidadosas y bien elaboradas se conviertan de nuevo en atractivo para las publicaciones consuetudinarias.

Hay que recordar que la crónica es periodismo y no literatura y mientras tenemos el tiempo para leer grandes obras de los estupendos literatos qué mejor unas buenas narrativas en extensiones moderadas donde la sensibilidad natural y el talento del periodista pueda recrear lo humano de estas narraciones que son al fin y al cabo la razón natural de la profesión: testimoniar hechos reales con pasión gracia, fluidez y sobretodo honestidad.

Recuerdos de Ernesto McCausland grande entre los grandes del género que hoy ha muerto.