13 de mayo de 2021
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Un Arzobispo contestatario

7 de octubre de 2012
7 de octubre de 2012

La primera vez que se puso en plan contestatario fue justamente cuando el máximo comandante de las “Farc”, Alfonso Cano, fue abatido por el Ejército Nacional en las montañas del Cauca: el prelado –que no carga agua en la boca– sorprendió a los colombianos con una carta abierta en la que se preguntaba ¿por qué no lo capturaron vivo?

Pero para que no se piense que está del lado de los malos, reclama, de igual manera, a la guerrilla por los crímenes que comete, a pesar de declarar que pretende proteger al pueblo, y a sus sacerdotes les pide fidelidad y responsabilidad en su ministerio y respeto a sus feligreses.

La semana pasada, el jefe de la cristiandad caleña criticó unas vallas instaladas por militares en puntos estratégicos de La Sultana del Valle instando a la juventud a engrosar sus filas “por tratarse de la mejor y más grande empresa de Colombia”.

Los reclutadores castrenses le reviraron al religioso, pero él se mantuvo en sus reparos por encontrarlos  “francamente desmotivadores para los muchachos que aspiran a buscar un futuro mejor, lejos de los escenarios de la guerra y de la violencia”.

Pocos colombianos saben que monseñor  Monsalve proviene de una humilde familia campesina del municipio de Valparaiso (muy cercano a la frontera  de Antioquia y Caldas) y que  pasó de humilde “garitero” en la vereda La Miel a arzobispo de una de las principales ciudades del país.

El episodio lo acaba de relatar el columnista Luis Fernando Múnera López, en  el número 44 de la revista “Mirador del Suroeste”, de reciente aparición en el suroeste cafetero paisa:

“En un ambiente familiar vino al mundo el futuro arzobispo Darío de Jesús Monsalve Mejía, el 15 de marzo de 1948. Como sus siete hermanos, cursó los dos primeros años de primaria en la escuela rural de la vereda. Completó la primaria en la escuela de Valparaíso; para ello recorría diariamente a pie los cinco kilómetros hasta el pueblo”.

Múnera explica así lo del “garitero”: ”Darío ayudaba a su familia en las labores del campo. Su función era la de garitero: se encargaba de llevarles a su padre  y a los demás trabajadores  el almuerzo a la roza (el cultivo del  maíz)”.

El dignatario eclesiástico evoca ese capítulo de su adolescencia: “Con frecuencia me pedían que les hiciera el sancocho directamente en el sitio porque les gustaba mucho,  y según me decían ellos, yo tenía muy buena sazón”.

Antes de recalar en la principal diócesis vallecaucana, el prelado ocupó diferentes cargos eclesiásticos en Jericó, Cartago, Betania, la Acción Católica, la Conferencia  Episcopal, fue Obispo Auxiliar de Medellín y de Málaga, Santander y Arzobispo coadjutor de Cali con derecho a sucesión.

La apostilla: Monseñor Monsalve no se clasifica entre la izquierda y la derecha; se considera un pastor de la Iglesia que trata de llevar el sentido de lo cristiano y el evangelio a los temas de la violencia y la guerrilla. No es, pues, ningún Camilo Torres Restrepo, ni Manuel Pérez Martínez ni nada que se le parezca.  Su único fusil es el verbo del Señor y nada más.