16 de agosto de 2022
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El imperio femenino

5 de octubre de 2012
5 de octubre de 2012

gustavo paezQuizás ella provenga de los musulmanes, cuyos potentados se dan el lujo (si esto es un lujo) de tener en sus harenes muchas mujeres. Alguien sugiere que la frase no es tan antigua, y la atribuye a Joseph Smith, fundador de los mormones, quien hacia 1830, en vista de las pocas mujeres que había en su movimiento, manifestó que Dios le había dicho que cada hombre podía casarse hasta con siete mujeres. Pero a él se le fue la mano, ya que tuvo 34, que procrearon 70 hijos.

De ciertos años para acá, las cuentas de hombres y mujeres en el mundo han venido aproximándose. Algunas estadísticas les dan ligeras ventajas a los hombres, otras igualan los dos sexos, y las más recientes sostienen que por primera vez el número de mujeres ha superado al de los hombres.

Según una computación, la población mundial llegó en fecha reciente a 6.852 millones de personas, de las cuales 3.450 millones (el 50,4%) son del sexo masculino, y 3.402 millones (el 49,6%) del femenino. Cuando ya pasamos de 7.000 millones (en octubre de 2011), se presenta una ligera ventaja de las mujeres. Con el margen de error de las encuestas, estamos empatados.

En Colombia, el número de habitantes es de 44 millones, con una ligera diferencia a favor del sexo femenino. Estos enfoques permiten determinar que los dos sexos han llegado al ajuste ideal. Según esta apreciación, a cada hombre le corresponde una sola mujer. No dos, ni siete, ni ninguna fracción, y menos las 34 del fundador de los mormones. Si esto fuera cierto, no habría tríos, ni amantes clandestinos, ni separaciones. Todo sería perfecto, como Dios manda. Pero no lo es.

A Rosin le ha dado por pregonar el final de los hombres en su obra The end of men. Y expone razones como estas: los hombres ya no tienen el control de la fuerza laboral; en las universidades hay mayor número de mujeres; el papel de los hombres como jefes de hogar se inclina hoy a favor de un matriarcado en el que ellas prefieren educar solas a los hijos. En Colombia, fuera de los motivos citados, existe este otro: las mujeres ocupan el 49 por ciento de los cargos profesionales y técnicos, y el 38 por ciento de los cargos legislativos.

El avance de la mujer es indudable. No pueden desconocerse su inteligencia, su sagacidad, su sensatez para afrontar problemas. Su liberación ante el dominio del hombre representa un importante avance social. En Colombia, adquirió en 1954 el derecho al sufragio y poco a poco se fue integrando a la vida pública. Sin embargo, al buscar romper con el machismo, ella misma se volvió (perdónenme la expresión) macho en ciertas circunstancias.

Rosin admite que el hecho de que la mujer esté arriba no significa que el mundo sea más amable, sensible y humano. En algunos casos, la mujer es tan violenta y criminal como el hombre. El asunto no es de género, sino de humanismo. La superioridad de la mujer sobre el hombre genera en ocasiones la dificultad para conseguir marido. Ante esta triste realidad, que trastoca el sentido de la familia, muchas mujeres optan por vivir aparte y llevar relaciones sin compromiso. Se liberan del hombre para ser esclavas de la soledad y el hastío.

Lo que cuenta no es el número de mujeres y de hombres. Lo que se ha perdido es la armonía de la pareja, la supremacía del hogar, por encima de machismos y tontas emulaciones.

Bogotá, 28-09-2012.

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