18 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Serie de hipótesis rodean asesinato de Sierra

19 de septiembre de 2012
19 de septiembre de 2012

En desarrollo de las audiencias de testimonios, en el marco del juicio que se sigue contra el exdiputado Ferney Tapasco González y tres personas más, se han tejido unos hechos y conjeturas, sin que se establezca con precisión la presunta responsabilidad de la autoría intelectual del homicidio, tras casi once años de haber ocurrido.

El martes, continuó en el juzgado penal del circuito especializado en el palacio de justicia de Pereira, la exposición de testimonios presentados por la Fiscalía, entre ellos los de Gloria Luz Ángel Echeverri, quien un año antes del atentado, fue la novia de Sierra Hernández, subdirector de La Patria.

La señora Ángel Echeverri reconoció haber sostenido relaciones amorosas con Sierra Hernández, de las que dijo, nunca le causaron problemas a ella ni a su comprometido con la familia Restrepo, propietaria del periódico.

Gloria Luz y el editor de noticias del citado diario, Fernando Alonso Ramírez, que le siguió en turno en la diligencia de testimonios, insistieron en que la muerte violenta de Sierra tuvo sus orígenes en la posición crítica que asumía el columnista sobre el acontecer regional, tanto político como administrativo del departamento.

En las respuestas a las preguntas formuladas por el fiscal, los abogados de la defensa y el juez, Ángel y Ramírez también coincidieron en que los escritos del extinto periodista se dirigían a muchas personas de la vida política y no de una en particular, con algunas excepciones.

Al solicitarles que manifestaran sobre las identidades de quienes pudieron haber amenazado a Sierra, respondieron desconocerlas de forma concreta, toda vez que se referían siempre a que las causas del crimen fueron las columnas. Hipótesis que siempre dejaban en el aire la sensación de responsabilidad de quienes pudieron sentirse molestos por esas denuncias o críticas.

Lo anterior, explican abogados penalistas que siguen el curso del sonado proceso, implica que no hay evidencias ni indicios graves que concluyan de forma tajante quien pudo haber sido el determinador del crimen.