16 de agosto de 2022
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La primera alcaldesa de Yopal

21 de septiembre de 2012
21 de septiembre de 2012

gustavo paezHace 40 años, cuando era un caserío carente de energía eléctrica y otros servicios elementales, Carmenza Murgueitio de Riaño fue su primera alcaldesa. Por aquellos días comenzaba la mujer a ocupar los puestos antes reservados a los hombres. Ella no nació en aquel sitio, sino en Calarcá. Su marido, el ingeniero de sistemas Carlos Riaño Medina, había establecido en Yopal la fábrica Gaseosas del Llano, lo cual explica su viaje a aquella lejana geografía.  

El origen de Carmenza Murgueitio es de Cali por el ancestro paterno, y de Calarcá por el materno (Patiño). A los tres años de edad, su familia se trasladó a Cartago y después pasó a Cali. Casada con un boyacense, se estableció en Duitama, y de allí se trasladó a Yopal. Mujer de armas tomar, pronto sobresalió en la población llanera por su ánimo emprendedor y su espíritu cívico. Con ese talante, impulsó la fundación del primer centro social del municipio, el Club Casanare. Cuando el gobernador de Boyacá pidió a los notables del pueblo, en una crisis administrativa de la localidad, que escogieran un alcalde, ellos la postularon sin la menor duda. Así se convirtió en la primera alcaldesa de Yopal.  

Antes de asumir el cargo se dedicó a leer cuanto libro, norma o código le permitiera tomar conciencia del oficio que iba a desempeñar. Puso su propio estilo y su mejor empeño para salir adelante y no defraudar al vecindario. Como en el Llano estaba, demostró su destreza para montar a caballo en agotadoras jornadas de trabajo, o  para pasar en una tarabita por los ríos azarosos de la pampa, lo mismo que su capacidad para resolver problemas y realizar obras de beneficio común.

En Marquetalia, el barrio de prostitución, vendían placeres baratos 12 muchachas taciturnas, que en el día se encerraban en su recinto de pecado debido al repudio que les mostraban en el pueblo. No podían entrar a los almacenes, ni a los restaurantes, ni a la propia iglesia, porque se les miraba como una peste pública. Como un terror. Sin embargo, sus mayores clientes eran los notables del pueblo, que les pagaban sus servicios con vales de lenta efectividad.

Visto lo cual, la alcaldesa las visitó en su sede, les dictó una conferencia y las animó a salir a la calle sin temores, vestidas en forma decente y sin hacer escándalos públicos. Les impuso un control sanitario que ella misma vigilaba todas las semanas en el hospital. El ambiente les cambió por completo. Volvieron a ser personas. El pueblo se sociabilizó con el capítulo inevitable de la prostitución.

La falta de corriente eléctrica la solucionó en parte con plantas de ACPM. Aún estaba lejos la posibilidad de contar con los servicios básicos. Organizó varias secadoras de arroz y adelantó planes de la reforma agraria. En los dos años que duró su mandato, la población obtuvo un avance significativo dentro de las precarias condiciones de entonces. Yopal tenía menos de 10.000 habitantes. Hoy pasa de 130.000 y es la ciudad que muestra el mayor índice de crecimiento en el país. Es un centro pujante, favorecido con las regalías petroleras que permiten gozar de las ventajas del modernismo.

Al evocar los cuarenta años que han corrido desde su alcaldía, la amiga me comenta que nunca pensó, por supuesto, que aquel estrecho caserío iba a llegar tan lejos. Así evolucionan algunos municipios y se transforma el país. Y así dejan su huella personas que como Carmenza Murgueitio han hecho de la administración pública una tarea honesta y laboriosa al servicio de la comunidad.

Bogotá,15-09-2012.

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