13 de mayo de 2021
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La madre y abuela del tango

16 de septiembre de 2012
16 de septiembre de 2012

La pasión por este género musical le vino por herencia. Su padre, Rufino Valencia, un obrero de la construcción, enseñaba  a bailar el tango y la milonga en su casa de San Antonio, una vereda donde ahora quedan las pesebreras “Casa Roja”. Tenía seis años cuando escuchó el primer tango (“Ausencia”) y doce años el día que se le permitió danzar por primera vez, en familia, al compás del sonido de los bandoneones que salía de un viejo gramófono de la Víctor.

En sus relatos para el periodista José Miguel Alzate, que sirven de base a este Contraplano, la famosa  madre y abuela del 2 X 4,  confesó que  el tema que la marcó desde niña fue justamente “Tango”, interpretado por la gaucha  Rosita Quiroga. Tenía predilección por  “Cambalache” de Santos Discépolo y “La Cumparsita” de Mattos Rodríguez. Sostenía que después de Gardel y Magaldi no hubo otros intérpretes que elevaran tanto el nivel social del tango. Para ella, Aníbal Troilo, Juan Darienzo y Enrique Rodríguez fueron los mejores directores de la música argentina.

Su pasión por el género la llevó a montar en su propia casa un pequeño negocio que pronto obtuvo el reconocimiento de los amantes del tango en Manizales. Era un sitio decorado sencillamente, con un mostrador de guadua y asientos de cuero. En las paredes colgaban, enmarcadas, las fotografías de los grandes intérpretes. La gente acudía en busca del tango que deseaba escuchar. El sitio era visitado por los cantores argentinos que llegaban a Colombia como  Hugo del Carril,  Juan Carlos Godoy, Antonio Tormo, Ignacio Corsini, Andrés Falgás, Raúl Garcés,  Argentino Ledesma y Roberto Mancini, entre otros.

Mamá Bertha conoció a Falgás una tarde mientras caminaba por la carrera 23. Cuando llegó a la esquina de la calle 20 vio frente al Teatro Cumanday, una gran aglomeración. Inquieta, preguntó qué pasaba. Entonces le dijeron que se iba a presentar el cantante. Inmediatamente se ubicó frente a la taquilla y, sin respetar la cola, adquirió la boleta. Cuando ingresó lo primero que hizo fue dirigirse al sitio donde estaba Falgás. Al presentársele, lo único que él le dijo fue: “¡Cómo que usted es mamá Bertha! Yo quería visitarla. En Argentina me dijeron que no podía pasar por Manizales sin conocerla”. Esa noche,  Falgás estuvo en su establecimiento.

A ella se le debe que en Manizales exista “La Calle del Tango”. Fue una idea que se le vino a la cabeza después de la muerte del ” Rey del Fox”, Armando Moreno. Como el cantante fue para ella casi como un hijo, (siempre le cantó “Para vos, mamá, la mejor mamá”) quiso que la ciudad le rindiera un homenaje a su memoria. No contenta con haber traído sus restos, que se encontraban en Bogotá desde su muerte, ocurrida el 8 de octubre de 1990, comprometió a las autoridades para que Manizales tuviera una calle con su nombre. “Yo no podía morirme sin realizar este sueño”, respondía cuando el cronista Alzate le preguntaba el por qué del homenaje al cantante: “Armando Moreno quiso mucho a esta ciudad. Aquí vivió dos años”.

El tango fue para mamá Bertha la razón de su existencia. En su casa dejó una opulenta colección de discos de 78  que guardaba como un verdadero tesoro. En las paredes de su pequeño negocio que tenía frente a la puerta de entrada a “La Blanca”, la cárcel local, exhibía muchas fotos en las que aparecía compartiendo con los intérpretes argentinos que visitaron su rincón tanguero.

La apostilla: Recién cumplidos sus 80 años, gracias a una cruzada adelantada por un grupo de periodistas encabezado por Jairo Castro Eusse, la mamá y abuela del tango hizo realidad el gran sueño de su vida: viajar a la Argentina y transitar por la histórica Calle Corrientes; recorrer la senda que inspiró el mítico “Caminito” del gran Filiberto, y  visitar el legendario “Viejo Almacén” y la tumba de Carlos Gardel, en el Cementerio de la Chacarita.