26 de noviembre de 2022
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Alvarado Tenorio en la Feria del Libro de Manizales

4 de septiembre de 2012
4 de septiembre de 2012

gozos del cuerpoConsiderado uno de los poetas fundamentales de la Generación desencantada, Alvarado Tenorio, crítico y traductor, es Doctor en filosofía y letras por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular de las Literaturas de América Latina en la Universidad Nacional de Colombia y Director del Departamento de Español de Marymount Manhattan College de New York, trabajó para la Editorial China Hoy, donde tradujo más de un centenar de poetas, reunidos en Poemas Chinos de Amor [1992]. Director de la revista de poesía Arquitrave [http://www.arquitrave.com], fue editor de la Página 8 Cultura de La Prensa de Bogotá. Algunos de sus libros son 25 (2010) entrevistas con escritores; Brando im Schwarzwald y otros poemas (2010); Ultrajes (2007); Fragmentos y despojos (2002); Literaturas de América Latina (1995), Ensayos (1994), La poesía de T.S. Eliot (1988), Espejo de máscaras (1987), Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas (1985), Kavafis (1984) y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta (1980). Ha sido traducido al alemán, árabe, chino, francés, griego, inglés, italiano, portugués y rumano e incluido en repertorios como  Antología crítica de la poesía colombiana, de Andrés Holguín, (Bogotá, 1974), Antología de poesía latinoamericana, del Grupo Latinoamericano y del Caribe de Beijing, (Beijing, 1993), 100 Autores colombianos del siglo XX, de J.G. Cobo Borda, R.H. Moreno Durán, S. Gamboa y D. Saldívar, (Madrid, 2006), Revista Nacional de Cultura, número antológico 1938-2006, (Caracas, 2006), La hora sagrada, XIII encuentro de poetas iberoamericanos, de A.P. Alencart (Salamanca, 2010), Poesía colombiana, antología 1931-2011, de Fabio Jurado Valencia (Bogotá, 2011) y Um país que sonha, cem anos de poesía colombiana, de Lauren Mendihueta, traducciones de Nuno Júdice, (Lisboa, 2012).

“La poesía de Alvarado Tenorio, –sostiene Pablo R. Arango– muestra –sin decirnos— que la vida es un pasaje terrible y al mismo tiempo la única posibilidad de la dicha. De esa visión surge la cualidad proverbial y epigramática de muchos de sus poemas; que se sitúan en el resbaloso límite entre la sabiduría, la contradicción y la tautología. Aquí la poesía no es un mero accidente, sino más bien el único recurso expresivo para la percepción de la realidad. Por eso su credo poético oscila entre el consuelo y la necesidad, en esa delgada franja que habitamos entre el todo y la nada. Una oscilación que otorga a su obra  una tensión entre la desesperanza absoluta y el goce sensual. De tal modo que no queda más que permanecer fieles a la evidencia, en medio del sinsentido, aferrados a la efímera conciencia que constituye nuestra vida y nos da en dosis desiguales la lucidez de lo banal, de lo serio, la ironía y la premonición del desastre. En la metafísica de Alvarado Tenorio sólo alcanzamos a escapar, por momentos, de esta pesadilla solipsista que es la vida, a través de la esquiva palabra precisa o el roce de otro cuerpo”.

Cuatro poemas del libro:

SES 518

En la quinientos dieciocho

de un hospital de Caldas

mientras leo fragmentos

de Arias Trujillo

espero la vida o la muerte.

Poco pide ya el cuerpo

y apenas celebra la luz.

Sabe que todo fue ensueño

y un inútil arrojo

haber creído en vosotras

quimeras de un siglo

de cartón y de piedra,

soberbia y celuloide.

En nosotros no hubo amanecer

ni mañana ni ayer.

Nacimos en lugar equivocado,

crecimos donde no debimos,

palmamos cuando no quisimos.

Esta fue nuestra patria y fortuna:

sangre y destierro.

 

Wamba

En este lugar,

un desocupado Caballero Hospitalario

de la Orden de San Juan de Jerusalén

ordenó durante cuarenta años

las tibias, los fémures y las calaveras que ves.

Es la Huesera de Wamba,

un rey godo coronado

a la muerte de Recesvinto

hace 1339 años.

Nadie sabe quiénes fueron,

ni qué hicieron,

ni nos importa ahora.

Por causa de su pobreza

no tuvieron sepultura.

Sólo eso sabemos.

Recuerda, entonces, viajero

que todos somos de Wamba,

Wamba es nuestra tierra.

Wamba fue nuestro ayer

y será el mañana.

 

Rostro y voces en Manga

Fuiste y volver

no fue memorable.

Menos,

el rostro de un muchacho,

amaneciendo en Manga.

No hubo maravillas

ni sabiduría ni soberbia

ni codicia ni desdicha ni engaño.

Sólo ese rostro,

bello como la misma juventud,

helado, como los tiempos que corren,

incluso en Manga,

donde la luz es más bella

y todo parece dispuesto para que seas feliz

si, la vida, te lo hubiese advertido.

 

La vida, quiero decir la muerte,

que incansable esperaba tras de la puerta,

repitiendo:

 

Si todo vale nada,

el resto vale menos.

Año nuevo vida nueva

En San Marcel he agotado otra navidad, otro año nuevo.

He recordado entonces la helada estancia

del viejo hospital de Olías del Rey,

sus Hermanas de la Salud de Cristo

con enormes tocados de vuelo de cigüeña

y los altos mastines cancerberos de la noche.

Al salir vi la plaza inundada de cabras

con pastores que hacían fuegos para paliar el frío.

!Qué días y qué noches aquellas!

El pueblo era un campo caprino

y el fuego y los cantares alegraban las horas

de aquellas semanas de convaleciente

junto a los Miranda y José, el panadero,

hermanos de esos años de infortunio.

Dos camiones de mercado

arrojaron un día tres docenas de putas

en medio de aquel lago de cabras

saciando el hambre de los machos pastores.

La vida daba tumbos

y Madrid enfebrecía

como caldo de centollos

a punto de hervor.

Algo que no supimos, estaba por llegar.

Una fiesta, un deceso, fue el fin de una era.

Al amanecer brindamos al futuro.

España era tan pobre que éramos felices.