18 de agosto de 2022
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Merienda de negros, feminicidio, paralelo, independiente de

21 de agosto de 2012
21 de agosto de 2012

osorio efraim

Son racistas el diccionario de la Real Academia de la Lengua; el de María Moliner; el Ideológico de Julio Casares; las enciclopedias Espasa y Uteha, y quién sabe cuántos diccionarios más. ¿Por qué? Usted, señor, lo deducirá de lo siguiente: Noticia de primera página de El Tiempo del 3 de julio de 2012, compartida por LA PATRIA y Eje XXI, y por un segmento de las noticias de las 7 p.m. de RCN del día anterior, fue ésta: “Concejal, en líos por comentario racista”. El concejal liberal de Bogotá, Jorge Durán Silva, dijo hace poco: “Esto se nos está convirtiendo en una merienda de negros”, frase que soltó después de ordenar cerrar las puertas del salón del Concejo para que no entrara más público, y por la que ‘la está viendo negra’ por estos días. ¿Qué tiene esa frase de racista? Me parece que los medios de comunicación exageraron, como siempre en casos parecidos, porque ‘merienda de negros’ es un dicho viejísimo, que escuchábamos a cada rato, y que usábamos sin matices racistas, simplemente para decir con él que una discusión animada se estaba volviendo caótica, significado que le dan todos los diccionarios mencionados, por ejemplo, el primero, en cuya edición de 1914 (hace 98 años) aparece ya con esta acepción: “Coloquial. Confusión y desorden en que nadie se entiende”, definición que aún conserva, y que asienta el de María Moliner, a la que le agrega esta otra: “Arreglo o reparto hecho caprichosa o desaprensivamente entre varias personas”, aplicable a ciertas componendas de algunos congresistas, por lo que, y sin ofender a nadie, se podría cambiar el dicho ese, piedra de escándalo, por el de ‘merienda de blancos’. La enciclopedia Espasa dice que la expresiva locución es figurada y familiar. Y es que, además, hay otros dichos con la palabra ‘negro’ (léanlo bien, con la ‘palabra’), verbigracia, “sacar lo que el negro del sermón”, es decir, no entender ni jota; ‘negro’, término que puede referirse a un ‘blanco’, ‘amarillo’, ‘cobrizo’ o de cualquier color, porque en todas las razas hay individuos que de lo expuesto no entienden ni pijaraña.  Finalmente, al concejal crucificado, dicen sus compañeros de chanfaina, le gusta, como a Sancho y a todos los Panzas, comunicarse por medio de dichos y refranes. Esto está muy bien, y no tiene que excusarse por ello. ***

En épocas anteriores ¿no mataban mujeres? ¿No fueron ellas antes de hoy víctimas de homicidios y asesinatos? Como la respuesta a estas preguntas es afirmativa, hay que hacer esta otra: ¿Por qué, entonces, sólo ahora se necesitó la palabra ‘feminicidio’ para nombrar ese crimen? Estoy convencido de que este terminacho no se encuentra en ningún texto de Derecho Penal. ¿Por qué? Porque son suficientes las palabras ‘homicidio’ y ‘asesinato’. Una muestra de la inútil innovación: “Delegado de la ONU se pronuncia sobre ley contra el feminicidio” (Eje XXI, 2/8/2012). Si el acto de matar a una mujer es un ‘feminicidio’ (del latín ‘femina-ae’), esta misma palabra podría significar también matar un ‘muslo’, porque, en ese idioma, ‘muslo’ se dice ‘femen-inis’; con este vocablo, escribió Plinio: “Femina atteri equitatu” ( “el ejercicio de montar a caballo despelleja los muslos”). Y podría significar también matar una gallina, porque la acepción primaria de ‘femina’ es ‘hembra’, como en esta afirmación de Cicerón: “Bestiae aliae mares, aliae feminae sunt” (“Unos animales son machos y otros hembras”). Es, pues, desafortunadísima la escogencia (¿quién la hizo?) del término ‘feminicidio’ para expresar esa idea. Si para este propósito a las feministas no les gusta ‘homicidio’, que, aunque viene de ‘homo’ (hombre, ser humano), abarca los dos géneros, sería más apropiado el vocablo ‘muliericidio’, de ‘mulier-eris’, sustantivo latino que, por lo menos, significa ‘mujer’ y ‘esposa’, aunque también, como insulto a un hombre cobarde, ‘mujercilla, gallina’. Si, después de tantos siglos, el castellano no necesitó esa palabra, ¿por qué actualmente sí? ¡Embelecos! ***

“Paralelo a uno de los dos  rieles del ferrocarril es el otro”, dice Perogrullo; y dice también que “los dos rieles son paralelos”. En estas dos perogrulladas, ‘paralelo’ es adjetivo, porque califica en ambos ejemplos a ‘riel’. Y, como tal, no puede hacer las veces de adverbio, oficio que lo puso a desempeñar el editorialista de LA PATRIA en esta oración: “Paralelo al fenómeno anotado, se observa que la mayor parte de las viviendas que se construyen en Manizales…” (6/8/2012). Aunque no entiendo bien el porqué de la escogencia de este desubicado adjetivo (quizás porque fue lo primero que se le vino a la cabeza al redactor), le hubiera quedado mejor de este modo, con el adverbo: “Paralelamente al fenómeno anotado…”. En el mismo editorial escribió: “…vamos a tener problemas más complejos en el sector de la construcción, independientes a las dinámicas propias del mercado”. El verbo ‘depender’ rige la preposición ‘de’, lo mismo otras palabras que tienen relación con él, el adjetivo ‘independiente’ entre ellas. Así, pues, la construcción correcta es ésta: “…independientes de las dinámicas propias del mercado”. ¡Obvio! ***

Inquietud: La VEINTITRÉS, del esplendor a la postración. ¿Hasta cuándo?