22 de febrero de 2024

Ecos de los Olímpicos. Optimismo nacional

28 de agosto de 2012
28 de agosto de 2012

albeiro valencia llano Hoy, en este pequeño mundo, en medio de la crisis como consecuencia de la recesión económica, los Juegos Olímpicos resultaron impresionantes: el esplendor de los escenarios y la participación de 10.500 atletas de 204 países llegaron a millones de personas del mundo globalizado, que permanecían como hipnotizados frente a los televisores, computadores, Ipads, celulares y radios. La tecnología permitía seguir todas las competencias desde diferentes plataformas; de este modo la crisis económica, la miseria, la pobreza y los problemas del mundo, pasaron a un segundo plano.

Los colombianos nos sumamos a la cita de Londres y participamos del entusiasmo colectivo porque los 104 deportistas de la delegación lograron un saldo de ocho preseas, un balance superior a lo que se tenía calculado; lo anterior fruto de un proceso planificado, con recursos por parte del gobierno, de la empresa privada y de los entes territoriales. Pero sobre todo, debido a la dedicación y esfuerzo de nuestros deportistas, casi todos salidos de los barrios pobres de pueblos y ciudades; es común ver a padres y a familiares haciendo grandes esfuerzos para comprar bicicletas y uniformes, así como realizando festivales con el fin de recoger el dinero necesario para enviar a los hijos a participar en competencias en otras ciudades.
El verdadero significado de los juegos

Los Juegos Olímpicos de Grecia eran un festival deportivo y un gran evento religioso en honor de Zeus; los juegos modernos se organizaron para exaltar el deporte y promover la paz, pero rápidamente se convirtieron en reflejo del poder político y económico. El ejemplo más ilustrativo se evidenció en los Olímpicos de Berlín, en 1936, cuando Hitler quiso convertir los Juegos en el escenario para demostrarle al mundo su teoría de “la superioridad de la raza aria”. Sin embargo el afroamericano Jesse Owens ganó el oro en cuatro eventos, incluyendo los 100 metros planos, que es la prueba reina. Más tarde, durante la Guerra Fría, las olimpíadas se convirtieron en el juego de intereses políticos entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Hoy los Juegos Olímpicos siguen siendo el escenario donde se mueven las fichas de la geopolítica. La República Popular de China hizo los olímpicos de Beijin (2008) para anunciarle al mundo su transformación en potencia de primer orden: invirtió 40 mil millones de dólares y ganó los juegos, porque los dirigentes entendieron que el deporte es una de las herramientas políticas más efectivas. En ese momento China era la segunda potencia económica, después de Estados Unidos.

En octubre de 2009 se reunió el Comité Olímpico Internacional para escoger la sede de los Juegos del año 2016; asistieron los jefes de Estado de los cuatro países interesados. Rodríguez Zapatero de España, Yukio Hatoyama de Japón, Lula de Brasil y Barack Obama de Estados Unidos; llamó la atención el lobby de los presidentes para obtener la sede. Estados Unidos fue la primera eliminada, lo que significó una contundente derrota para Obama. La favorecida fue Brasil y Lula lo tomó como un triunfo para Suramérica, y Fidel Castro lo presentó como una victoria para el Tercer Mundo: fue un reconocimiento para Brasil, el mayor país de América Latina y  la sexta economía del mundo.

A las grandes potencias como Europa y Estados Unidos les salió la competencia de los países emergentes como China, Brasil y Corea del Sur. Se debe tener en cuenta que los Juegos Olímpicos reflejan la capacidad económica de los países participantes; encabezan el medallero Estados Unidos y China que son las primeras economías del mundo. Los 10 países del listado de medallas ocupan los primeros 15 puestos del PIB; o sea, existe una relación entre dinamismo deportivo y económico.

Los juegos en medio de la recesión

Cuando Londres solicitó la sede para los XXX Juegos Olímpicos, todavía no se asomaba el fantasma de la crisis económica que atormenta a las grandes potencias y no tuvo más remedio que asumir el reto: invirtió siete años en su preparación y gastó cerca de 15 mil millones de dólares. Inglaterra se lució con la organización del evento mundial y hoy presenta, con orgullo, un balance positivo. Pero después de la euforia llegó la realidad; los ingleses piensan que las olimpíadas costarán una década de austeridad.

Brasil tiene un problema semejante pues el poderoso país está sintiendo los coletazos de la recesión que viven las grandes potencias; se calcula que los Juegos costarán 14.400 millones de dólares; sobre el tema manifestó el alcalde de Río de Janeiro que “sólo podremos divulgar el costo de las Olimpíadas cuando todo esté dispuesto”. Toca asumir el reto y confiar en que para 2016 se haya superado la crisis económica.

El optimismo nuestro

Hasta hoy los colombianos nos contentábamos con recordar a nuestros medallistas históricos: Helmut Bellingrodt, plata en tiro al jabalí (1972 y 1984); Eliécer Julio, bronce en boxeo (1988); Ximena Restrepo, bronce en atletismo (1992); María Isabel Urrutia, oro en levantamiento de pesas (2000); como para citar sólo a los más destacados. Pero lo que sucedió en las Olimpíadas de Londres superó lo presupuestado.

No se puede negar que hay optimismo nacional porque nuestras pretensiones han sido modestas: sabemos que el dinero para el deporte es insignificante, comparado con las enormes sumas dedicadas al armamentismo y a la guerra. El primer sorprendido fue el presidente Juan Manuel Santos quien le dijo a Mariana Pajón, después de conquistar la medalla de oro, que “no sabe lo felices que estamos los colombianos y yo personalmente de que me haya dado semejante regalo de cumpleaños”.

Ojalá que siga la cosecha, en este país donde el deporte está en segundo plano y la mayoría de los jóvenes sueñan con el boxeo, el ciclismo, el futbol y el atletismo, buscando la tabla de salvación ¿Será posible que el deporte tenga más protagonismo? Esperamos  que sigan los procesos, con más presupuesto, y que los deportistas tengan mejores estímulos.

¡Que no sólo los triunfadores reciban “carro, casa y beca”, para que se cumplan las palabras de Mariana Pajón de convertir a Colombia en potencia mundial!