13 de agosto de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Asia-Pacífico, la prioridad

31 de agosto de 2012

De acuerdo con la investigación, que contó con la financiación de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el apoyo técnico de las universidades del Rosario y Eafit así como el acompañamiento de la ANDI y la Cámara de Comercio de Cali, nuestro país está rezagado en acercamientos con  economías del Este asiático.

Sostiene el informe que el comercio bilateral colombiano con naciones como Australia, Brunei, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia, China, Hong Kong, Taiwán y Vietnam se multiplicó por 9 en el período 2000-2011. Esto es, obviamente, muy positivo. No obstante la misma investigación concluye que en ese lapso hay un “visible déficit comercial” para nuestro país.

Pero el escenario complicado no termina allí. En el estudio se evaluaron “en conjunto” los flujos de inversión y comercio de Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú con las catorce economías de Asia-Pacífico mencionadas. En ese plano de comparación, que se basa en cuantificar los montos de intercambio comercial y de atracción de inversiones, nuestra nación apenas ocupó el quinto puesto, superando sólo a Ecuador, un país cuya economía y potencial es inferior al colombiano.

Y lo que es peor, Colombia cae al último puesto si el análisis sólo se limita a los volúmenes comerciales. No deja de ser paradójica esta conclusión si se tiene en cuenta que, según los últimos informes sobre exportaciones e importaciones, China se consolidó como el segundo socio comercial de nuestro país, desplazando a Venezuela y la propia Unión Europea.

Si bien es cierto que el aterrizaje en el mercado asiático se ha convertido en una de las prioridades de la última década, a Colombia todavía le falta un camino muy amplio por recorrer. Ello termina siendo grave desventaja para una economía emergente como la nuestra, sobre todo ahora que la crisis en la Unión Europea se ahonda al punto de que el fantasma de la recesión toma fuerza, en tanto que la recuperación del sistema productivo estadounidense -nuestro primer socio comercial- tiene unos altibajos muy marcados.

Según el estudio del CORI, la importancia del mercado de Asia-Pacífico se evidencia en que las catorce economías ya referenciadas representan el 28.3 por ciento del PIB mundial, “una cifra que supera la participación del grupo norteamericano del Nafta, que aporta el 23.2 por ciento y de la Unión Europea, que ahora solo explica el 20.4 por ciento”.

Como se dijo, el actual Gobierno ha dado pasos muy ambiciosos para incursionar con capacidad de competitividad y vocación de permanencia en el mercado asiático, que superó hace tiempo el ámbito de los clásicos  “cuatro tigres” de finales del siglo pasado (Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea) y ahora están a la cabeza de potencias como China o Japón. Con algunas de esas catorce naciones ya hay o están en vías de negociación desde Tratados de libre comercio, acuerdos de asociación así como  pactos de protección y promoción bilateral de inversiones, entre otros mecanismos de integración. Por igual, Colombia, junto a México, Perú y Chile arrancaron la llamada Área de Integración Profunda (AIP), que busca afianzar el intercambio entre estos cuatro países con costas en el Océano Pacífico y negociar en bloque con sus pares de la cuenca asiática.

Sin embargo, es necesario acelerar todos esos procesos, pues hay naciones latinoamericanas que están más avanzadas que nuestro país en esa inserción en los mercados del Asia-Pacífico. Por igual, como lo recomienda el CORI, es urgente apuntar en la posibilidad de entrar como miembro pleno al Foro de Cooperación Económica de Asía Pacífico (APEC), cuya importancia en el objetivo final es absolutamente estratégica.

Es claro, entonces, que el aterrizaje en los mercados del otro lado de la cuenca del Océano Pacífico debe elevarse a política de Estado, pues allí está el futuro comercial y económico del globo. País que no se suba a ese tren, sencillamente estará condenado al atraso y el subdesarrollo.

El Nuevo Siglo/Editorial