25 de mayo de 2022
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UN NUEVO INTRUSO

16 de julio de 2012

oscar lizcanoUna sociedad inequitativa como la nuestra es la prueba fehaciente de que los mecanismos de circulación de oportunidades y ascenso social están atascados. Sus beneficios sólo llegan a un grupo minoritario que disfruta de la porción más grande de la torta, mientras el pedazo de la mayoría no crece. Este es uno de los desafíos sociales más apremiantes para este gobierno y los próximos. La base para que se constituya un nuevo pacto, es darle, por ejemplo, un viraje a las políticas públicas con el fin de reducir la desigualdad.

Ningún gobierno anterior ha sido capaz de copar todos los espacios sociales. Tiene que enfrentar numerosas resistencias constituidas en otros centros de poder. Muestra de ello fue el movimiento estudiantil contra la reforma a la educación superior o el suscitado tras la Reforma a la Justicia. Prevaleció el poder ciudadano sobre el poder del gobierno, y éste, a su vez, sobre el otro poder, el legislativo.

Con ese panorama quedó en evidencia la crisis de liderazgo político, porque el liderazgo ahora es ciudadano. Nadie tiene más seguidores y capacidad de convocatoria que el poder ciudadano que se construye en pocas horas a través de las redes sociales. Los medios de comunicación juegan un papel importante al demostrar la incapacidad del Estado para ejecutar eficazmente sus políticas. Esa incapacidad contribuye a su ilegitimidad y lo convierte en un intruso en la sociedad que pretende regular.

En la medida en que estas prácticas desarrolladas por los movimientos sociales se fortalezcan y se generalicen, pondrán en peligro la existencia de un Estado distante del pueblo.

En sus actividades de resistencia a la hegemonía estatal, estos movimientos organizados, en su diversidad, presentan una unidad de significación: son portadores de un deseo de autonomía cultural, económica o social. Por ejemplo, los homosexuales, las negritudes y los indígenas. Llegará el momento, con el desprestigio de los partidos políticos, que estos movimientos sociales se negarán a ser representados y pretenderán actuar en forma directa, sin intermediación política.

Victoria Camps, en el libro Filosofía política. Conceptos y textos, señala que «hace falta que el individuo se transforme, ponga entre paréntesis su individualismo egoísta, y sustituya el interés individual por el general». Ese interés general, tan mencionado por los políticos de las democracias actuales.

El mandatario que emplea el lenguaje de los principios, de lo irrenunciable y de la guerra, se condena a la frustración o al autoritarismo, en una sociedad que se ha cansado de la violencia. No se puede abandonar, sin embargo, aquel principio de la autoridad y la fuerza, justificado cuando se despliegan legítimamente, es decir, con el consentimiento de los ciudadanos.

La minoría en donde está concentrada la riqueza, sin protestar, aceptó indefinidamente pagar al Estado un impuesto para sostener la guerra. Este impuesto recauda billones de pesos. ¿Por qué no hacer un pacto para corregir las desigualdades sociales? ¿Cuántos recursos destinados a la guerra quedarían libres? Geoffrey Leech, reconocido lingüista, dijo que «todos sabemos que los políticos hacen declaraciones que no son más que una forma estudiada de no decir absolutamente nada».