18 de agosto de 2022
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Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez

La crisis de la industria madre

29 de julio de 2012

Ya no son los cafeteros los que eligen al gerente y a los integrantes del Comité de Cafeteros que trazaban las políticas económicas y de producción del sector.

La Federación dejó de ser una entidad gremial de los productores de café; ahora es un simple apéndice del Ministerio de Agricultura. Extraña en la actual crisis el silencio casi reverencial de Jorge Cárdenas Gutiérrez, digno sucesor de «Mr. Coffe» y padre del ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas Santamaría.

En todas las regiones productoras se escucha decir que la Federación de ahora trabaja de espaldas a los cafeteros; nada le queda del legado que en materia de liderazgo dejaron los viejos dirigentes que llevaron a las veredas la educación, la salud, la electricidad y la asesoría técnica para el bienestar familiar y el desarrollo de los cultivadores y sus proles.

Sería espléndido poder escuchar sobre el colapso de ahora a los resignados supervivientes de las grandes dinastías cafeteras de Caldas, Risaralda, Quindío, Antioquia, Huila, Tolima, Valle, Cauca y Nariño.

Y vendría bien que rompiera su silencio alrededor de la crisis, desde el punto de vista periodístico, el colega José Chalarca, quien en los tiempos de mayor esplendor de la Federación sacó adelante las publicaciones de la entidad y tuvo de primera mano la posición política y económica de los dirigentes cafeteros a lo largo de la historia grande de esa organización.

Eran otros tiempos y otros hombres. Los antiguos dirigentes cafeteros no pensaban exclusivamente en la economía de su sector sino en cómo encuadrar los buenos dividendos del café para irrigarlos al resto de la economía.

Prueba inequívoca: En una de sus últimas intervenciones públicas, don Leonidas Londoño y Londoño, con su recio carácter de siempre, advirtió que a pesar de todos los debates y enfrentamientos que en defensa de los intereses cafeteros sus dirigentes habían sostenido con los presidentes de la República y con los ministros de los diferentes gobiernos: «Hoy el Comité Nacional, para mí y lo digo con respeto y consideración, es solamente un consejero sin poder determinante para el manejo de la política cafetera».

Hasta las últimas horas de su existencia, don Leo estaba convencido de que el café era la moneda colombiana y al mismo tiempo mantenía su oposición a que los gobiernos embarcaran a la Federación en la fundación y en la compra de proyectos o empresas perdidas, que él llamaba «francachelas que derivarían en una mala situación para los cafeteros y por consiguiente en una mala situación para el país».

Haciendo cuentas, la sensibilidad social y el pragmatismo económico de los cafeteros y de toda la dirigencia nacional se perdió a partir de los años 70 cuando con la «Bonanza marimbera» la sociedad colombiana en general se desbordó hacia la vocación de todos por ser ricos y de nadie por ser honrado.

La apostilla: La tapa del congolo fue el bochornoso episodio del 17 de julio, en Marsella, Risaralda, donde el señor Luis Genaro Muñoz, máximo dirigente de la Federación Nacional de Cafeteros, se salió de la ropa y tachó de «ineptos, mendigos y politiqueros» a trescientos cultivadores del grano que le reclamaron acciones prontas y eficaces para paliar la crisis de la que fue por mucho tiempo la industria madre de la economía colombiana