28 de mayo de 2022
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Una golondrina no hace verano

25 de junio de 2012
25 de junio de 2012

victor zuluaga¡Qué bueno!, diría yo. Porque luego de leer y escuchar múltiples comentarios acerca de lo que sucedió en la discusión de Ley, son varios los aspectos que valen la pena ser analizados. En primer lugar, que hubo múltiples voces unas a favor y otras en contra del proyecto, lo que refuerza la idea de que el Congreso es un escenario en donde deben caber todas las expresiones posibles de la opinión ciudadana. Y en segundo lugar, me parece importante que por encima de cualquier consideración el gobierno envíe señales de estar dispuesto a sentarse en la mesa con aquellos actores armados que tienen, frente a lo político, unas visiones diferentes.
Y me parece importante porque la historia nos muestra cómo la violencia ha llenado el territorio patrio de sangre, sin que se pueda vislumbrar un final para esta carrera de la muerte.
Creo que no ha habido gobierno que no haya soñado con la paz, y mejor, con el final del conflicto armado. Ha habido desmovilizaciones, firmas de documentos llenos de buenas intenciones, pero la verdad es que la violencia, repito, aquella de supuestamente está generada por la idea de cambiar de una manera radical el modelo político del país, continúa tan campante como el señor de la propaganda del Whiskey.
Me parece que la aprobación de esta Ley Marco para la paz, le abre una ventana a los alzados en armas para que a futuro se pueda pensar en un nuevo proceso de paz. ¿Será que hay desconfianza mutua? Desde luego. Las FARC podrán traer a colación el exterminio a que fue sometido la Unión Patriótica y el gobierno al escenario donde se llevó cabo la tragicomedia que protagonizaron Manuel Marulanda Vélez y el doctor Andrés Pastrana.
Pero ¿significa que el Estado renuncia a hacer la guerra para conseguir la paz?. De ninguna manera y creo que este es uno de los aspectos más delicados de la discusión. Porque la señal que querido enviar el doctor Uribe y sus seguidores es la de que la “única” vía que existe para la terminación del conflicto, es la aniquilación de una de las dos partes. Es decir, que la guerrilla se tome el poder o que el Estado borre literalmente al grupo guerrillero.
Lo que se acaba de aprobar en el Congreso y conocido como Marco Legal para la paz, repito, abre la posibilidad de una negociación civilizada, pero de ninguna manera renunciando el Estado al monopolio de las armas y a la búsqueda de la paz por medio de la guerra si es que los alzados en armas no plantean otra alternativa.
Creo que ahora podemos decir: “Un trino no hace verano”.