19 de mayo de 2022
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El Prelado que prefirió la pobreza

17 de junio de 2012
17 de junio de 2012

La noticia causó enorme revuelo entre la grey, mas no en el ámbito eclesiástico en el que se conocía de tiempo atrás, con la natural reserva,  el firme propósito del pastor de establecer su residencia entre la gente sencilla, medio en el que se sentía a gusto, lejos de la pompa y el boato.

El pastor de almas nació en Manizales 9 de marzo de 1904 y murió en Medellín el 1 de marzo de 1981, a los 76 años. Fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1931 por el arzobispo de Bogotá, Monseñor Ismael Perdomo Borrero. Su consagración  episcopal ocurrió  en su natal Manizales el 14 de agosto de 1949 y estuvo a cargo de Monseñor Bernardo Botero Álvarez, arzobispo de Nueva Pamplona. Antes de recalar en la capital paisa, Monseñor Botero  fue obispo auxiliar de Cartagena y obispo de Zipaquirá.

Sus padres fueron Francisco Botero Jaramillo y Maria Francisca Salazar Jaramillo, pertenecientes a tradicionales familias caldenses de orígenes antioqueños y primos entre ellos.

“Nos Tulio”, como lo llamaban los paisas, fue  bautizado en la antigua Catedral de Manizales el 13 de marzo del mismo año con el nombre de Francisco Tulio por el padre Benjamín Muñoz. Hizo los estudios primarios con los hermanos maristas y los secundarios con los padres lazaristas (Congregación de la Misión) en Santa Rosa de Cabal. Después de la muerte de su padre se retiró de la Apostólica y por un año estudió derecho en el Colegio del Rosario. Ingresó a la comunidad de los padres lazaristas y comenzó el noviciado el 27 de febrero de 1924 e hizo la profesión religiosa en 1926.

El siempre bien informado Google dice que tras su ordenación, hasta 1934 misionó por Cundinamarca con el padre Nicanor Cid. De 1934 a 1941 trabajó en el Seminario de Popayán; de 1941 a a 1948 fue maestro de novicios y Director del escolasticado de Bogotá; simultáneamente desde 1945 fue secretario privado de la Nunciatura Apostólica. En 1948 fue nombrado rector del seminario de Tunja.

En Medellín reformó la curia arquidiocesana; construyó el actual edificio del Seminario Mayor en Loreto; permitió la entrada de varias comunidades religiosas; realizó el tercer Sínodo diocesano; tuvo como obispos auxiliares a Miguel Antonio Medina Medina y a Octavio Betancourt Arango y como arzobispo coadjutor a Alfonso López Trujillo quien luego lo sucedió en la Sede.

Estableció 124 parroquias; ordenó 158 sacerdotes personalmente y los demás obispos ordenaron 45 es decir que en su administración se ordenaron 203 sacerdotes. Sorteó la crisis de la década del 1960. Impulsó la facultad de teología en la Universidad Pontificia Bolivariana y permitió que los seminaristas cursaran los estudios en dicha universidad, fundó el seminario de Bachilleres que duró cuarenta años. Estableció la casa Pablo VI en 1971 y le dio estatutos en 1977 para vocaciones especiales de alumnos que tuvieran que trabajar para ver por la familia, pero que tenían vocación.

En 1979, después de 21 años de estar al frente de la sede episcopal de Medellín, se le aceptó la renuncia por edad. Murió Dos años después en su modesta morada del oriente de la primera urbe paisa.

La apostilla: Decíamos en un Contraplano de junio de 2004 que ni en Manizales, su patria chica –en la que no fue monaguillo, seminarista, ni profeta- ni en Medellín –donde ofició durante veintiún años como carismático líder espiritual de los antioqueños- hubo celebración del centenario del natalicio de Monseñor Botero Salazar.  La indiferencia cruel  avala la perpetuidad de la amarga frase del maestro Silvio Villegas, otro gran manizaleño: “Lo peor de la muerte, es el olvido”.