25 de julio de 2021
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Clima político enredado y confuso

7 de junio de 2012
7 de junio de 2012

albeiro valencia llano Sin embargo la popularidad de Santos cayó en forma estrepitosa sin explicación aparente, de acuerdo con la encuesta realizada (19 de abril) por IPSOS-Napoleón Franco, donde se evidenció el acelerado descenso de su popularidad, que pasó de 71 % a 58 %. Pero también se desplomó la imagen de varios protagonistas de la vida política: general Óscar Naranjo, expresidente Álvaro Uribe, comandantes de las Fuerzas Militares, ministros y principales funcionarios del gobierno. No solamente esto; la encuesta Colombia Opina detecta “un escepticismo general en el estado de ánimo del país”.

Y para rematar se precipitó una cascada de malas noticias: el pasado 15 de mayo a las cinco de la mañana fue desactivado un carro bomba que iba a ser detonado contra la sede principal de la policía de Bogotá; el hecho fue atribuido a las FARC. Después, a las 11 de la mañana llegó el bombazo contra el exministro Fernando Londoño Hoyos, con un saldo de dos escoltas muertos y decenas de heridos. La escena fue aterradora, la imagen del exministro herido, saliendo del carro destrozado, despertó sentimientos de solidaridad en todo el país.

Algunos medios y autoridades se apresuraron a señalar a las FARC como autoras del acto terrorista pero el presidente Santos, con mucha cautela y prudencia, se abstuvo de señalar culpables. Mientras tanto otros sectores pensaron en la “mano negra”, como posible responsable del atentado, pues ese día se votaba en el Congreso el Marco Legal para Paz, que viene impulsando el Gobierno en busca de una salida negociada al conflicto armado y la implementación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. En este punto saltaron los enemigos, que no desean que en nuestro país camine un tímido proceso de paz, y por ello envían claros y contundentes mensajes.

Los actos terroristas siguieron llegando en forma atropellada: 12 militares cayeron víctimas durante un ataque de las FARC en La Guajira. Y el comandante del Ejército dijo que al parecer los guerrilleros cruzaron la frontera con Venezuela, después del atentado. Aquí fue Troya. Al respecto dijo el presidente en un enérgico discurso: “Hay extremas de izquierda y de derecha que quieren cambiar el rumbo. Hay terroristas que quieren imponernos su agenda y el rumbo se mantiene pase lo que pase”.

Los inconformes envían mensajes

El presidente Santos ha recibido varias advertencias: a los pocos días de su posesión pusieron un carro bomba, frente a las instalaciones de Caracol Radio y la agencia EFE; fue un acto terrorista contra el ambiente de tranquilidad creado por las nuevas relaciones internacionales y por la disposición para dialogar con la guerrilla. La bomba iba dirigida contra la empresa donde trabaja Darío Arismendi, porque posiblemente se estaba enviando un mensaje a otros comunicadores. Al respecto escribió la periodista Patricia Lara: “Y ¡ojo, no nos equivoquemos!: ese atentado parece venir de la extrema derecha con el propósito de confundir al país, entorpecer la apertura que inicia Santos y, de paso, cobrarle a Darío su independencia y verticalidad” (El Espectador, 13 de agosto de 2010). El acto terrorista era una advertencia para que el nuevo gobierno siguiera la ruta trazada por Uribe.

Pero hubo otras señales y mensajes: el asesinato de la líder agraria, dirigente de los desplazados, Ana Fabricia Córdoba, el 7 de junio de 2011, y el petardo que explotó el 16 de junio del mismo año, en el pedestal del monumento al expresidente conservador Laureano Gómez. El presidente Santos responsabilizó a la “mano negra” y la definió como “la que no quiere  que se reparen las víctimas, la que no quiere que se restituya la tierra a los campesinos, la que también quiere exagerar la inseguridad para decir: este país es un caos”. En este ambiente de zozobra el Presidente reconoció que hay conflicto armado en Colombia, pero afirmó que la extrema derecha es tan peligrosa como la extrema izquierda; el problema radica en que esa extrema derecha es muy difícil de identificar.

El tema de la seguridad democrática

Los enemigos de la administración, especialmente el expresidente Uribe, han venido martillando sobre el tema de la seguridad democrática, lo que se refleja en la opinión pública. Al respecto la pasada encuesta Colombia Opina registró que el 51% de los colombianos desaprueba la gestión del Presidente sobre este tema; por eso cuando se produjo el bombazo contra el exministro Fernando Londoño, el atentado fue capitalizado políticamente. Mientras el equipo de gobierno analizaba el tenso y difícil clima la angustia se apoderaba de los colombianos, especialmente de los bogotanos. Las redes sociales se inundaron con mensajes repudiando el acto terrorista; numerosos mensajes rechazaban el atentado y el Marco Legal para la Paz, que se discutía esa noche en la Cámara de Representantes. El Twitter del expresidente Uribe decía: “Bogotá en sangre y el gobierno clientelista presionando a la Cámara para aprobar la impunidad y elegibilidad de los delitos atroces”.

Dicen que “Uribe pelecha en la desgracia nacional” y esto se lo vienen criticando los mismos uribistas, quienes no están de acuerdo con sacarle réditos políticos al atentado del 15 de mayo; al expresidente se le olvidó que durante sus dos gobiernos también hubo atentados terroristas. Pero como no quiere dejar gobernar y se convirtió en líder de la oposición que busca desestabilizar al gobierno y crear vacío de poder, se irá quedando solo, abandonado por sus antiguos alfiles. Ya está perdiendo su rango de jefe natural y una prueba de ello es la votación en la Cámara, el pasado 15 de mayo, cuando se debatía el Marco Legal para la Paz, que se aprobó con una contundente votación de 127 contra tres. Uribe se quedará solo, sumergido en la viudez del poder, mientras sus antiguos amigos marchan hacia el presupuesto y los puestos.

¿Avanza una conspiración?

Con todos estos hechos se radicalizaron las posiciones políticas. Resultan muy preocupantes los mensajes cruzados entre el general (R) Eduardo Santos Quiñones  y el mayor (R) Jorge Galvis Noyes, divulgados por Canal Capital, en los que se propone remover del cargo al presidente Santos, organizar un gobierno provisional y convocar elecciones en seis meses. Al respecto el general Jaime Ruiz Barrera, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro (ACORE), explicó que los mensajes son inofensivos y que “el objetivo era generar polémica constructiva”.

Y el exministro Fernando Londoño, en diálogo con la prensa, anotó con firmeza y emoción: “El único miembro del Gobierno que ha dicho que cree en una extrema derecha conformada por no sé cuáles tiburones, es el presidente de la República”. Para explicar que se ha perdido la seguridad del país, afirmó “Santos tiene que reconocer que esto se le salió de las manos”. Manifestó que el terror se tomó a Colombia y que la única forma de combatirlo es convocando la unión nacional contra el terrorismo. Anotó que “se necesita a alguien con liderazgo y no estoy proponiendo un golpe de estado. El líder obvio es el presidente, pero cuando el presidente falla, surgen otros líderes que son seguidos por el pueblo. Ese liderazgo tiene que aparecer o estamos perdidos”.

Al respecto el general Óscar Naranjo, comandante de la Policía, pidió prudencia al exministro Fernando Londoño cuando afirmó que las FARC estaban detrás del atentado en su contra, y dijo: “no tenemos pruebas de que hayan sido las FARC… Es torpe decir si esta forma de terror es de derecha o de izquierda. Son terroristas que deben ser derrotados”.

Ante esta espinosa situación no se debe dejar crecer la bola de nieve, porque hay muchos sectores inconformes y puede aumentar el ambiente para la conspiración.