29 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Café, dedicarse a la excelencia

9 de junio de 2012

Se ha argumentado que los problemas climáticos, la presencia de enfermedades que se suponían controladas, como la roya, y los bajos niveles de renovación y fertilización han diezmado la actividad cafetera.

Esto ha ocurrido a pesar del fuerte ajuste que le implicó a la caficultura el rompimiento del Acuerdo Mundial del Café. Basta señalar que la actividad cafetera ha migrado hacia regiones, como las del sur del país, que se caracterizan por mayores productividades y menores costos.

No obstante estos reacomodos y el apoyo incondicional que los últimos gobiernos le han brindado, la caficultura enfrenta una serie de dificultades estructurales que, como el aumento de los jornales, la reducción de la mano de obra, la baja productividad y la reducción del tamaño de las explotaciones, dificultan su recuperación.

Esto pone de presente los problemas de competitividad que, a nivel de las unidades productivas y las regiones, enfrenta el sector, dificultades que, a su vez, han llevado a cuestionar el modelo de desarrollo cafetero.

En días pasados se conoció un trabajo del Banco de la República, entre cuyos autores se encuentran dos de sus codirectores, en el que se hacen serios reparos al modelo y se proponen algunas medidas que rompen con los postulados del mismo, como la de producir robustas en Colombia.

Esta propuesta tiene, por lo menos, dos dificultades. Una, es que hasta el presente no existen evidencias claras de que ello sea factible técnica y económicamente. Esto la convierte en una mera conjetura basada en la experiencia brasileña.

La segunda es que los autores ignoran la literatura especializada que muestra, de manera contundente, que si Colombia llegare a producir y exportar cafés de menor calidad, como las robustas, la prima que hoy se obtiene en los mercados externos, que es la más alta, no sólo se reduciría sino que estaría en riesgo de desaparecer. ¿Por qué, tratándose de un estudio de corte académico, que lo hace riguroso por definición, no se analizó, con mayor profundidad, este hecho tan determinante antes de salir con una recomendación tan comprometedora y que tiene un claro sesgo comercial?

Si Colombia ha sido exitosa en mantener la mayor prima y existe un reconocimiento a la calidad de nuestro café, ¿por qué no, antes que ponerla en riesgo y, por ende, afectar el ingreso de los caficultores, se explota y fortalece aún más este atributo que nos diferencia del resto de países productores?

En este sentido, la diversificación de la oferta basada en el café excelso de exportación se puede lograr a través de, por ejemplo, la producción de cafés especiales, de ampliar la denominación de origen, dada la diversidad de condiciones naturales que se tiene y de impulsar la agregación de valor.

Esto debería ir acompañado de una campaña más agresiva de conquista de nuevos mercados y la ampliación de los actuales. Tampoco hay que olvidar que el propio mercado nacional sigue siendo un espacio poco aprovechado y con un potencial interesante.

Muy seguramente, el modelo cafetero debe ser revisado y su institucionalidad ajustada, pero en esta tarea debemos ser cuidadosos de no acabar con la gallina de los huevos de oro.

Editorial/El Colombiano