26 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Absurda alegría callejera

20 de junio de 2012
20 de junio de 2012

jorge eliecer castellanos

Efectivamente, un automóvil cuatro puertas de color azul rey, detuvo su marcha a esa hora, intempestivamente. Todo al principio parecía una falla mecánica. Las autoridades indagaron al conductor sobre la razón que provocaba su estacionamiento en zona desautorizada para este uso en las afueras de la concurrida área de comercio. Al solicitarle documentos al chofer del vehículo, éste irrumpió en risa imparable como si estuviera deleitándose con chistes.

Poco después de ser auxiliado, el responsable del timón abrió la tapa de la parte lateral del automotor y con la ayuda de una bolsa transparente comenzó a vaciar gasolina tal vez por cantidad de un litro. Los policías que apreciaban la maniobra no podían parar sus carcajadas. Quienes atisbábamos el episodio tampoco.

Todo parecía una comedia sin fin. Los jóvenes policías aferraban sus  vientres con las manos, dada la fecunda y prolongada hilaridad. Algunas personas que hacían diligencias bancarias y estaban comprando víveres en los almacenes, hicieron también lo propio.

No estábamos presenciando un circo sino la irresponsabilidad de un conductor costeño quien con su desparpajado bigote se convirtió en el hazme reír de cerca de un par de docenas de transeúntes que presenciaban el espectáculo.
«Hay un Caimán, varado», dijo una señora enruanada que recién ingresaba al palco callejero. Ciertamente, comprobamos de inmediato que el «Caimán» jamás albergó tristeza o intranquilidad por tal situación. «Todo bien, todo bien, como «el Pibe», exclamó el infractor. «Fiel a la amable y alegre conducta inherente a los ciudadanos que habitan en los parajes del río Magdalena en el Caribe colombiano, se echó a reír cuando fue abordado por los agentes del orden», replicaban los espectadores.

Se trataba del popular «Hombre Caimán» nacido en El Plato, departamento del Magdalena, integrante del elenco de «Sábados Felices» del Canal Caracol que por estos días cumple 40 años de divertir a todos los colombianos.
«El insuceso fue un comienzo anticipado del programa de televisión a partir de un Viernes feliz», declaraban decenas de personas apostadas en los andenes colaterales del Centro Comercial.

Álvaro reía y reía sin parar. Por poco ameniza el fiasco con su guitarra que estaba recostada en el asiento trasero del carro y con la cual llegó hace más de tres lustros a los estudios de Caracol, con la exclusiva esperanza de contar chistes para que lo vieran sus paisanos en la pantalla chica.
El actor, presentador y cuentachistes, se divertía y cantaba sin cesar. Las coplas como en cascada, las repentizaba una tras otra. Nos quedamos esperando, por fuerza de las circunstancias de agolpamiento de vehículos, el acompañamiento de la guitarra. El espectáculo hubiera sido completo. ¡Show sin cover y luego  para las casas!.

Álvaro Lemmon tranquilamente agarró de nuevo el timón de su carro. Exhibió a los presentes sus grandes bíceps como demostración de permanente dedicación al fisicoculturismo y no como ademan de agresión ni de fortaleza alguna. Prueba superada, con éxito. Abandonó el lugar. Todos  quedamos perplejos. Otros Agentes de Policía no se percataron plenamente  de lo ocurrido y quienes llegaron más tarde al trancón formado por varios vehículos que quedaron justamente detrás del carro de Álvaro, haciendo fila,  interrogaban: ¿qué pasó aquí?

«El hombre Caimán» se fue a navegar a otras aguas donde el buen humor hace parte indispensable de la buena vida, dejando atrás, el problema de enseñar documentos a las autoridades de tránsito, de confrontar con transeúntes por problemas de atascamiento vehicular, de aumentar el ruido de las bocinas de los automotores en protesta por el diario e insoportable trancón bogotano; empero aquello que es  más importante, dejó una estela de alegría gratuita y callejera en quienes apreciamos su dificultad vehicular.

Poco después, se cubrió el final de la mañana de espesos y negros nubarrones e irrumpió la lluvia implacable echando a perder en los anaqueles del olvido la alegría momentánea de todo cuanto aconteció. Por último, se escuchó el lamento de un viejo «cachaco Santafereño» guarecido en el fondo del parqueadero:  «Ala, tocará esperar hasta mañana sábado, para volver a ver el «Hombre Caimán» en la tv, desde la pantalla que está en la sala de casita…. ¿cierto ala..?.