20 de junio de 2024

La batalla de Víctor Hugo

6 de mayo de 2012
6 de mayo de 2012

El resultado de la delicada intervención quirúrgica fue tan exitoso que enla madurez de su existencia el paciente -que cumplirá 78 años el próximo 13de junio-ha vuelto a caminar por sus propios medios y en su convalecenciahace planes con su familia para volver, de ser posible, a los escenarios.

Se le adelantaron en la partida al infinito, entre otros compañeros de generación, el valluno Alberto Granados, el boyacense Alberto Osorio, elcaucano Lucho Ramírez y el antioqueño Conrado Cortés, exitosos intérpretes de la canción romántica.

Ayala ha cultivado en su larga carrera artística -en la que ha jugado papelclave el maestro Jaime Llano González– el repertorio que impusieron antes los desaparecidos cantores mejicanos Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu y Pedro Vargas y los venezolanos Alfredo Sadel y Eduardo Lanz.

Víctor Hugo -el de fonogramas tan recordados por generaciones enteras  como Camino verde, Puente de piedra, La quiero porque la quiero, Ya que te vas, Las perlas de tu boca, Si te vuelvo a besar, Quiéreme, Que pare la vida y Brujería- cometió en la década del 50 el gran error de su vida.  La pequeña historia nos la contó el finado maestro Ramón Ospina Marulanda, testigo de excepción del lance:

En su condición de  director artístico de Sonolux y la RCA,el periodista Hernán Restrepo Duque le propuso en 1956 al cantante que grabara un precioso pasodoble -todavía inédito- titulado «Feria de Manizales», con letra del poeta caldense Guillermo González Ospina y música del español Jesús Mari Asins.

El tenor capitalino tomó la desafortunada decisión de rechazar  la maravillosa oportunidad de llevar al disco, en su voz y con el respaldo musical de la Banda El Empastre, una obra que  se transformaría rápidamente en el himno taurino de Colombia y en insignia sonora de la Feria que hizo las ferias en América.  El artista adujo que el tema no se ajustaba a su estilo o sea que no lo consideraba apto para ser incluido en su repertorio.Lo suyo, por aquellas calendas, era lo romántico y punto.

Cuando el disco se grabó con cantantes menos arrogantes y quisquillosos y se vendió como pan caliente, don Hernán aireó  todo este cuento en su espacio «Radiolente», de Caracol, y en sus columnas de El Espectador  y en el desaparecido semanario Pantalla.  El iracundo Víctor Hugo buscó a Restrepo Duque, pistola en mano, antes de una corrida, en los patios de caballos de la Plaza de Toros de Manizales, en la feria de 1957, para «castigarlo» por haberlo puesto en ridículo.

Gracias a  la oportuna mediación de Guillermo Zuluaga, «Montecristo», el cantante desistió de su propósito de arreglar cuentas a las malas con su productor discográfico.

La apostilla: Sin salir todavía del susto, don Hernán  Restrepo, el gran gurú de la canción popular, llegó jadeante  al micrófono de Caracol, en el callejón de la plaza manizaleña, y al saludar a los taurinos que estaban en sintonía, comentó que «podía hablarles, gracias a que el cantante Víctor Hugo Ayala, acababa de concederle el indulto», poniéndole terminología taurina al episodio que concluyó sin la intervención de la estación  de policía de los Barrios Unidos de Occidente.