27 de julio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El TLC y el Quindío

24 de mayo de 2012
24 de mayo de 2012

¿Cómo será con libertad de comercio? No me imagino el próximo mes de diciembre, cuando los comerciantes de USA nos inunden con productos de toda clase. Si hoy ya lo estamos, y más baratos que los nuestros, ¿qué diremos cuando tome su dinámica el mencionado tratado?

El gobierno ilusiona a nuestros productores con ese TLC, como si fuera de una sola vía, de aquí para allá, diciéndoles que se les puso a su disposición un mercado de 290 millones de habitantes, que compran en dólares. Ese mercado es todavía una ilusión, yo diría una utopía. Pensemos en el mercado del Quindío, de 600.000 habitantes. ¿Somos capaces de surtir la demanda de bienes agrícolas e industriales de ese mercado con productos hechos aquí? No.

Los quindianos consumimos productos de otros lares, y una de las razones es porque no producimos. Nos limitamos a café, plátano, yuca, cítricos y uno que otro bien con valor agregado.

Tenemos una gran tradición y vocación de mercado externo con el café. En la década del treinta del siglo XX había en Armenia 18 casas internacionales comprando café para exportar a USA y Europa. Y esa vocación fue prolija hasta muy cerca del inicio de la década del noventa. Hoy, se ha perdido. Pero ahí está la tierra, el café, el plátano, la yuca, los cítricos, y los agricultores con la vocación que los convoca.

Esa es nuestra fortaleza y hay que aprovecharla, pero agregándole valor al producto. Tuvimos un momento fulgurante en el Quindío con la granja experimental El Agrado del Comité de Cafeteros, donde la región creció en calidad de café. Medir la calidad por la taza y tener cada lote de la rubiácea codificado en producción y sabor de taza, constituyó el proyecto más grande que tuvo la región para poder competir en los mercados externos de cafés tostados y molidos. Tan bueno fue este proyecto que hoy existen por lo menos 30 empresarios quijotes vendiendo libritas de café con ese sello. Pero este proceso se mató de un hachazo.

La finca El Agrado se está cerrando. Un retroceso, una falta de visión, porque el café que se debe comercializar no es solo el de Juan Valdez, sino el de Nacianceno, Pedro, María y José. Todos. No en grano verde, sino con el valor agregado. Pero estamos muy lejos, aún, de tener la calidad que exigen los mercados externos. Y es ahí donde debemos trabajar, no disparándoles a todos los productos, como unos loquitos ilusionados.

También el plátano, elaborado en tostones y otras presentaciones, es alternativo. Lo mismo la excelente yuca chirosa de Armenia.

Pero sin pensar en el facilismo que nos propone el gobierno de producir y enviar. No señores, hay que superar gran cantidad de escollos, que si tuviéramos gobierno ya estarían superados: las exigencias fitosanitarias de USA para productos elaborados, ciencia y tecnología en la maquinaria de producción (¿dónde están las universidades?) capital de trabajo, alianzas estratégicas con productores y comerciantes en esos países.

Y de esto, no veo nada en los Planes de Desarrollo del departamento ni del municipio de Armenia. Nos espera un duro camino, pero hay que andarlo. Mientras tanto, contentémonos con los huevitos, el café-pasilla y el patacón pisao. Crónica del Quindío.