29 de julio de 2021
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A propósito de Rojas Birry

27 de mayo de 2012
27 de mayo de 2012

victor zuluagaPorque es más o menos claro que cuando un indígena comete un delito dentro de su territorio y ese delito afecta a otro u otros miembros de su comunidad, compete al cabildo realizar un juicio que determine su culpabilidad y la sanción que se le aplicará. En ese sentido ya hay doctrina al respecto.

Pero en el caso del abogado Rojas Birry, quien hace ya mucho tiempo abandonó su resguardo ubicado en el chocó, cometió un delito no sólo fuera de su territorio sino un delito en ejercicio de un cargo público como es el de Personero de Bogotá. Porque la razón fundamental para que se respete el juzgamiento por parte de autoridades indígenas tiene que ver con la aplicación de lo que podríamos llamar un “derecho consuetudinario”, es decir, la aplicación del derecho que se ha venido realizando históricamente en una comunidad indígena. Pero entonces surgiría la pregunta sobre cuáles serían los antecedentes que existen en torno al ejercicio de una Personería en Bogotá o de un funcionario público, entre los emberas. La respuesta deberá ser: “ninguna”. Desde esa perspectiva, el juzgamiento deberá hacerse por la justicia ordinaria porque hay un delito cometido fuera del resguardo y de otro lado, porque no hay ninguna “jurisprudencia” o casos que tradicionalmente se hayan juzgado dentro la comunidad embera.

En alguna ocasión en Santa Rosa de Cabal, donde vivía una familia embera-chamí se presentó el caso de una albación de clítoris a una niña y producto de ello, murió. El indígena iba a ser condenado por homicidio, pero afortunadamente el juzgado solicitó la opinión desde el punto de vista de la Antropología Jurídica. En este caso, hay una costumbre, una norma difundida entre los emberas en el sentido de extirpar el clítoris en las niñas porque consideran que de no hacerlo, son rechazadas por los hombres y de otro lado, de acuerdo con una concepción mítica, cuando las mujeres realizan cualquier movimiento durante el acto sexual, pueden poner el peligro el planeta. Puede parecer una verdadera estupidez esta creencia, pero en la medida que ha pervivido por tantos años, no es posible esperar que esta concepción cambie de la noche a la mañana.

Recuerdo que cuando visité en la cárcel al indígena acusado me dijo: “ Y cómo van a creer que yo quería matar a mi hija, si yo lo que quería era que no la fueran a rechazar cuando estuviera grande”.

Bien difícil que rojas Birry pueda argumentar que entre los emberas no es un claro delito pedir dinero prestado para hacer campaña para su elección como Personero, tal como hasta el momento lo ha planteado el Procurador.