23 de junio de 2024

A LA TIERRA CANTARÉ

7 de mayo de 2012

oscar lizcano«A la Tierra cantaré, madre universal de sólidos cimientos, abuela venerable que nutre sobre suelo todo lo que existe… A ti te corresponde dar vida a los mortales, así como quitársela», dice el himno homérico a la Térra Máter . Pareciera una profecía.

La historia es cíclica y «quien no la conoce está condenado a repetirla».

La frase cliché, de aula de colegio, le viene como anillo al dedo a Colombia. La violencia, promovida por el afán de despojar de sus parcelas al pequeño y mediano campesino, se ha instalado en múltiples formas en nuestro conflicto.

Por ejemplo, el llamado ‘boleteo’ es una práctica que, en la época de la Violencia, ejercieron tanto liberales como conservadores, enfrascados en su pasión partidista. Corrían linderos e incluso alcanzaban acciones violentas muy semejantes a las usadas, años después, por el paramilitarismo: el corte franela o el de corbata, en el que le cortaban el cuello a la víctima para sacarle la lengua.

Por ser épocas históricas distintas, sus modalidades difieren, pero el objetivo es lo mismo: la tierra. Colombia no ha podido resolver el problema agrario, asunto que puede considerarse como una consecuencia del conflicto armado. No se puede explicar la violencia en el campo colombiano si no comprendemos qué ha pasado con la tierra.

El concepto de tierra es recurrente en la historia de las religiones, siendo inherente a la misma religión, bajo formas y variantes distintas.

El filósofo rumano Mircea Eliade , reseñó la bellísima historia del profeta indio Smohalla, jefe de la tribu Wanapum. El profeta se negaba a trabajar la tierra. Estimaba que era un pecado herir o cortar, desgarrar o arañar a «nuestra madre común» con los trabajos agrícolas.

«¿Me pedís que labre el suelo? -preguntaba Smohalla-. ¿Voy a coger un cuchillo y lo hundiré en el seno de mi madre? En tal caso, cuando esté muerto, no me recogerá en su seno. ¿Me pedís que cave y arranque piedras? ¿Voy a mutilar sus carnes para llegar hasta sus huesos? En tal caso, yo no podría entrar en su cuerpo para nacer de nuevo. ¿Me pedís que corte la hierba y el heno y lo venda para enriquecerme como los blancos? Pero, ¿cómo me voy a atrever a cortar la cabellera de mi madre?».

Otros ritos amerindios hablan de un tiempo remoto en el que la madre tierra producía a los humanos de la misma manera que produce en nuestros días los arbustos y las cañas. «A ti que eres tierra, te meto en la tierra», está escrito en el Átharva-veda, el texto sagrado del hinduismo.

«Que la carne y los hueso retornen de nuevo a la tierra», se dice en las ceremonias funerarias chinas.

Y las inscripciones sepulcrales romanas delatan el temor de tener las propias cenizas enterradas en suelo foráneo y, sobre todo, el gozo de reintegrarlas a la patria: «allí donde nació, allí ha deseado regresar».