21 de junio de 2024

Todo está consumado

6 de abril de 2012

uriel ortizCon su corta existencia escribió el don de la contundencia y la institucionalidad del principio de autoridad, sus respuestas a profetas y fariseos, en los diferentes actos públicos y privados,  son verdaderos códigos de ética y moral,  pilares fundamentales donde los grandes filósofos y  pensadores de la humanidad han bebido la sabia de la ciencia, para encausar el bien común.

Esa gran ciudad fue construida sobre dos pilares fundamentales: Principios y Valores, los cimientos de la misma, se conservan en la Doctrina Social de la Iglesia Católica, que, constantemente insta a sus fieles para que cumplan con sus preceptos. Lamentablemente hoy en día se encuentran seriamente averiados, por culpa de las diferentes corrientes anarquistas que no corresponden a la realidad de lo que debe ser el sano juicio, en concordancia con la sociedad moderna, de la tolerancia y la comprensión.

El hombre del siglo XXl, con su comportamiento egoísta,  prácticas mercantilistas y delictuosas, está destruyendo a pasos agigantados  esa gran ciudad que el Hijo de Dios construyó para la humanidad; se encuentra totalmente desarticulada, amenaza ruinas y sobre ella se cierne el grave peligro de su pronta su desaparición.

Los mismos Gobiernos, especialmente las primeras potencias mundiales, son en parte los responsables, por el mal ejemplo que dan a la humanidad. En las cumbres que se celebran para hacer frente al fenómeno del cambio climático que a todos nos está golpeando inclementemente, con el consecuente desabastecimiento alimentario, destrucción de viviendas y millones de familias damnificadas, no han sacado conclusiones que permitan implementar una política sana, urgente y coherente de conformidad con la grave situación que estamos padeciendo.

El desbordamiento de ríos, los graves deslizamientos de tierra, las averías de carreteras y las enfermedades que se están presentando, muestran un panorama serio y desolador, que si no se buscan soluciones rápidas, sin necesidad de acudir a los presagios de chamanes, brujos y hechiceros, simplemente nos damos cuenta que la verdad apocalíptica está sobre la cizaña del mismo ser humano que se cree omnipotente ante los grandes desafíos de la naturaleza.
Con los últimos acontecimientos de sospechosos fenómenos naturales, presentados en diferentes partes del mundo, la verdad apocalíptica está apareciendo, no bajo pronósticos reservados, sino sobre hechos vividos y contundentes que a todos nos hace pensar y reflexionar sobre un final trágico.

Otro fenómeno de la destrucción de la gran ciudad que Dios construyó para la humanidad, son los carruseles de la corrupción incrustados en los diferentes gobiernos, sumados al narcotráfico, que ha permeado las más importantes capas sociales, que hoy se encuentran a la deriva, puesto que, sus jóvenes, promesas del futuro, son presa fácil al ser enganchados en bandas criminales, guerrilla o paramilitarismo. La situación es tan grave con nuestros jóvenes de ambos sexos, que los padres de familia y educadores se encuentran prácticamente arrinconados sin poder dar una respuesta inmediata a tan crítica situación. Es doloroso ver hogares llorando la pérdida de uno o varios de sus hijos, como consecuencia de la violencia en colegios y universidades, donde ya no se respira el respecto a los profesores y la majestuosidad educativa de otros tiempos.

Todos los seres humanos que habitamos el Planeta Tierra, estamos predestinados a cumplir una misión: de conservación, de entendimiento, de comprensión y de tolerancia, para con nuestros semejantes y todo el sistema que nos rodea. Lamentablemente, nos hemos desviado de este camino y muy seguramente que por nuestros propios actos y comportamientos equivocados  nos estamos autodestruyendo a pasos agigantados.

La existencia de los niños, ya no tiene la dulzura y el candor de otros tiempos, hemos entrado a la etapa de de la desnaturalización. Los adolescentes están viviendo su propia desgracia, razón por la cual se están presentando suicidios a muy temprana edad. Esta es la consecuencia de los hogares que todos los días se hacen más vulnerables a la destrucción.

La vida del Ser Humano, ha sido relegada a su más mínima expresión, el respeto por ella, ya no tiene la luminosidad y el valor de otros tiempos, hoy en día se sega la vida del ser humano por una vil moneda, una migaja de pan,- lamentablemente ante tanta injusticia social-,  para saciar sus más elementales necesidades; o ejerciendo la tenebrosa profesión del sicariato, que, se ha convertido en toda una empresa criminal.

Por todas estas consideraciones, estamos llegando al final de la jornada, – todo está consumado-, es muy poco lo que nos queda para cuidar y conservar. Nuestra única salvación sería hacer la reingeniería de nuestras vidas y de todo lo que nos rodea.

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