20 de junio de 2024

Podríamos ser el país de la vainilla

8 de abril de 2012
8 de abril de 2012

El aroma suave y sabor agradable de la vainilla, que adereza las bebidas, la heladería, la pastelería gourmet y cientos de productos más, podría convertirse en un recurso potencial para Colombia. Es una riqueza que el país no ha aprovechado al máximo a pesar de contar con excelentes condiciones de clima y terrenos adecuados para tal fin.

El olfato investigativo de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín captó un patrimonio autóctono que, como el café o las flores ornamentales, puede ser una alternativa para la agricultura local.

«Aquí no se cultiva a pesar de que es una especie nativa. Por allá en el siglo XIX se sembró en Santa Fe de Antioquia, pero no prosperó, y la que se consume es importada o sintética», indica Flavio Moreno, uno de los expertos en Ciencias Forestales que estudiaron la planta.

El especialista determinó que la Costa Pacífica, el Urabá, así como las cercanías a los ríos Cauca y Magdalena son regiones idóneas para sembrarla y hacerla productiva, debido a que están por debajo de los mil metros de altura y existen condiciones climáticas perfectas, sobre todo de viento, que es un requisito porque ayuda a su propagación.

Además, en esas zonas existen miles de familias de escasos recursos que podrían beneficiarse al producir la esencia de forma artesanal, tal como ocurre en países como Madagascar, Indonesia o México, en donde es fuente principal de empleo.

Lo más importante es que el modo de producción campesina hace que el cultivo sea amigable con el medioambiente, pues se puede establecer en zonas boscosas. El profesor Moreno indica que, incluso, ayudaría a desestimular la tala de árboles, al ser una opción rentable.

Se usa para todo

La vainilla es uno de los bienes agrícolas más comercializados del mundo, debido a que es un insumo base para miles de productos. Por ejemplo, el 50% de los 10 mil perfumes más comercializados aprovechan su sustancia, así como el 70% de los helados consumidos en el planeta.

Además, es imprescindible para aromatizar jabones, cremas corporales y saborizar productos como la Coca-Cola; esta última empresa, durante 2009, compró 1.786 toneladas de las 4.926 que se comercializaron en todo el orbe. Lo más importante es que, año tras año, requiere más material y proveedores; es ahí donde Colombia podría competir.

El investigador asegura que el país está en la capacidad de alcanzar el nivel de exportaciones de México, que vende el 5% de la vainilla del planeta. «Se puede lograr si se tienen en cuenta las técnicas de sembrado, cómo se produce, aspectos clave con el manejo de la sombra, el tipo de material utilizado para la reproducción y el uso del compost, sumado a la voluntad del Gobierno para patrocinar y mantener programas de sostenimiento a largo plazo con los agricultores».

Rentable y con proyección

Rubén Darío Rivero, administrador de Flores Guapante, tiene 13 mil plantas de vainilla a modo de aprendizaje: «la idea es llegar a tener un cultivo industrial y comercial, pero necesitamos tecnología y plata para eso. Es un problema de capital».

Moreno explica que si una familia cosechara mil arbustos de la especie, los cuales producirían unos 200 kilos al año, podría tener un ingreso económico rentable y permanente. En la actualidad, el kilo tiene un valor en el mercado de unos 50 dólares (89.200 pesos aproximadamente), lo que representaría 10 mil dólares al año, algo más de 20 millones de pesos por familia.

Según el estudio de la UN, el 95% de la vainilla es monopolizado por Indonesia, Madagascar, China, México y Tonga, que disponen de los precios y el comercio a su antojo; hay que anotar que sus condiciones políticas y hasta climáticas afectan la producción, como ocurre cuando los ciclones acaban con cientos de hectáreas.

Así pues, se proyecta que el «país cafetero» se convierta también en «vainillero», teniendo en cuenta la entrada en vigencia de los Tratados de Libre Comercio con la Unión Europea y los Estados Unidos, este último, principal consumidor del fruto en el mundo.

En lo nutricional

El origen de la vainilla se remonta al siglo XV, cuando tribus aztecas y totonacas de México la cosechaban para uso medicinal y ritual, además de las bondades culinarias que descubrieron como saborizante en sus bebidas.

Esto acaparó la atención de los españoles en la época de la Conquista, quienes se encargaron de comercializar y dar a conocer el elíxir nativo que extraían de América para el mundo.

Esa condición no ha desaparecido; además de contribuir con esa cadena comercial y de consumo, María Claudia Diez, encargada de los aspectos de la nutrición de la planta, manifiesta que otro de sus beneficios es su valor medicinal, ya que tiene propiedades antimicrobiales, anticancerígenas, antidegenerativas de glóbulos rojos y hasta de aromaterapia para evitar la ansiedad.

Los científicos de la UN consideran que, inicialmente, la comercialización se centraría en la exportación del fruto curado (proceso artesanal de secado), pero además se le podrían sacar enormes ventajas a las cerca de 300 propiedades y sustancias químicas que aportan diversos matices a su sabor. «Esas características, con el apoyo tecnológico adecuado, serían también una cantera de investigación muy grande para Colombia», asegura la profesora Diez.

Los modelos de cultivo y el desarrollo productivo de la vainilla no habían sido estudiados en el país; por eso, 14 investigadores de la UN se encargaron de mirar todos los aspectos de sus bondades y cuidado durante tres años, con el apoyo del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

Los resultados confirman que vale la pena cosechar el exquisito aromatizante, un fruto que huele, sabe, cura y, lo más importante, produciría rentabilidad para los campesinos si se captan los mercados internacionales.