3 de febrero de 2023
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¿Se le puede creer a las Farc?

4 de abril de 2012
4 de abril de 2012

hhhjose miguel alzate¿Se puede creer en la palabra de un grupo guerrillero que ha engañado al país en casos tan dolorosos como el asesinato de los diputados del Valle del Cauca,  del Gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria, y del exministro Gilberto Echeverri Mejía? Definitivamente, ¡no!  La orden de disparar contra los secuestrados en caso de un intento de rescate demuestra que para ellos la vida no vale nada.

Si el grupo guerrillero que ha perdido en los últimos tres años a sus mayores cabecillas (Tirofijo, Raúl Reyes, el Mono Jojoy y Alfonso Cano) quiere entrar en una negociación con el Gobierno Nacional para dejar la armas, debe primero mostrar hechos de paz. No es atacando poblaciones indefensas ni asesinando inocentes como las Farc pueden llegar a una mesa de negociación. Si eso es lo que buscan, deben decretar un cese unilateral del fuego. Pero sin pedir a cambio que las Fuerzas Armadas disminuyan su actividad militar para someterlos. Otro Caguán no lo aguanta el país. Porque eso de negociar en medio de la guerra no es una muestra clara de querer construir caminos para alcanzar la paz. Que fue lo que hicieron durante el tiempo que duró la zona de distensión.

Timoleón Jiménez, el guerrillero que reemplazó a Alfonso Cano como comandante del grupo alzado en armas, tal vez piensa que con ofertas como acabar con la práctica del secuestro el grupo armado se va a ganar un espacio para iniciar un diálogo con el gobierno del presidente Santos. La verdad es que esa oferta no abre una ventana para buscar la reconciliación. ¿Por qué razón? Por la poca credibilidad que las Farc tienen. Ellos nunca van a dejar de cobrar el gramaje de la producción de cocaína en sus zonas de influencia, ni van a dejar de extorsionar a los ganaderos, ni van a terminar con la puesta de bombas en pueblos distantes. Es posible que dejen de secuestrar. Pero no dejarán de intimidar a la gente con sus acciones violentas.

¿Merecen credibilidad los pronunciamientos de un grupo guerrillero que durante casi 50 años ha llenado de sangre a Colombia? La verdad: ¡No! Y la razón  es sencilla: las Farc han jugado con el dolor de cientos de familias que han visto cómo sus seres queridos se pudren en la selva sin que el grupo guerrillero escuche el clamor de todo un país que pide a gritos su liberación. Los cabecillas de esta agrupación insurgente no han querido entender que Colombia está cansada de sus actos violentos y, por lo tanto, reclama compromiso de su parte para un proceso de paz. Pero el incremento de sus acciones violentas contra poblaciones indefensas demuestra que tienen cerradas las puertas del diálogo.

Colombia quiere la paz. En este sentido, la opinión pública respalda cualquier intento que para conseguirla emprenda el Gobierno Nacional. Pero si la contraparte no muestra intenciones serias de acogerse a un plan de desmovilización, de nada sirven los esfuerzos que se hagan. Después de los golpes contundentes que a las Farc le han propinado las Fuerzas Armadas, el gobierno no puede dejarse engañar con propuestas que sólo buscan llamar la atención de la opinión pública para que la presión militar contra sus frentes  se reduzca. Una propuesta de cese al fuego es una oportunidad que la guerrilla aprovecha para fortalecerse militarmente. Así de sencillo.

Los miembros del secretariado saben que si reducen sus ataques contra la población civil la opinión pública va a pensar que el grupo guerrillero está perdiendo poder militar. Por esta razón no van a cesar en sus incursiones a poblaciones donde no existe fuerza pública suficiente para repeler un ataque. Así las cosas, el anunció de que dejarán de secuestrar es apenas  una promesa para convencer incautos. Es decir, con esa noticia intentan engañar a un país que sabe de sobra que continuarán ejecutando este delito por el dinero que les proporciona para el sostenimiento de sus frentes. Hizo bien el presidente Santos al responderles que ese anunció no abre una mesa de diálogo. Se necesitan hechos concretos de paz para creer en su oferta.