23 de junio de 2024

El embustero sistema acusatorio

26 de abril de 2012

cesar montoyaPocos han reparado que se trata de un injerto que ha favorecido la impunidad.La falacia de la economía en los tiempos investigativos y las sentencias prontas,  han prefabricado una peligrosa mentalidad sobre la eficiencia de los términos cortos, como razón de ser de la nueva política criminal. Sin embargo, las estadísticas derrumban ese castillo de naipes. Estudios profundos y responsables, nos dejan perplejos sobre este enfadoso parto de los montes.

El sistema Acusatorio abolió el derecho sustantivo. Qué añorados tiempos aquellos cuando jueces y penalistas hacían sabias  exégesis sobre la “intención” como ingrediente esencial de todo  comportamiento. Preguntamos : Qué del “dolo” y  de la  “culpa”, de sus infinitos matices, que agravan o atenúan el contenido espiritual de la conducta. Qué de la “emoción” que tiene la duración de un relámpago, tiempo fugaz pero suficiente para la comisión de un acto criminal. Qué de los elementos de una “legítima defensa”, en apariencia nimios, pero de tanto calado en la hora de administrar justicia. Qué de la “premeditación” que se transforma en dañina obsesión y en engendro de perversidades.Qué del hombre, sí del hombre de carne y hueso, con sus heroísmos  y pasiones, abastecido o pobre de conocimientos, circuído de luces o de sombras, con la ligadura de atavismos, o dominado por los gigantes que aminoran o destruyen las energías del alma.  Falleció el derecho sustantivo.

El Sistema Acusatorio es una aburrida prosa de pequeñas audiencias en cadena, casi siempre colocando contra la pared los derechos del enjuiciado. Con un ítem increíble. Los jueces se convirtieron en pequeños dictadores que imponen sus criterios sin derecho a la réplica. Limitan, a su talante, el tiempo de las intervenciones y exigen, sin chistar, que se cumplan  sus mandatos imperiales. Se debiera, como ordenamiento  jurídico, garantizar a los actores en el juicio oral, el derecho a disponer como mínimo  de una hora en los debates, quitándole a los ejecutores  de la ley el arbitrario zigzagueo de sus emotivos temperamentos.

“No me hable de Carrara” decía un olímpico juez. Otro ordenó : “Haga la defensa en dos minutos”. El rito penal declinó en un zarandeo de caprichosos procedimientos. El hombre desapareció  como personaje central del derecho sustantivo.

¿Y qué del Jurado de Conciencia?  No hay justicia humana si de ella está ausente el equilibrio ponderativo del pueblo. Muchos jueces caminan sobre nubes y viven en los montículos de Zeus.

La palabra  “conciencia” conlleva  lo que es la dimensión inabarcable del espíritu, sus profundos meandros subjetivos, ese universo autónomo de cada ser. Ahí está la libertad, los espacios de la voluntad, las determinaciones  conscientes o no de la conducta.En la anchura de este campo debieran tener sustento las sentencias.

Es desoladora la conclusión : estorba  esta temática en el sistema acusatorio.

¿En Colombia anda al garete la justicia? Sí. Hemos importado el procedimiento penal americano, híbrido y elitista, concebido para el servicio de los ricos.  Desterró el derecho sustantivo. Su dinámica, por el  costo,  exclusivamente favorece a los potentados.

La Contraloría ha destapado su ineficiencia. Es ágil y vistoso en los crímenes de relumbrón, expedito cuando los medios hacen despliegues escandalosos. A los pobres les corresponde una justicia remolona, sorda y cegatona. Es horroroso saber que  hay más de tres millones de procesos estancados.

¿Será ésto lo que nos merecemos los colombianos?