17 de junio de 2024

Colombia encumbrada

13 de abril de 2012

A la espera de que no pase nada de lamentar, los Presidentes americanos llegan a un país completamente renovado. Colombia, sin duda, no sólo hace parte de las naciones Civet (junto con Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica), sino que podría catalogarse de país emergente detrás de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). No es hora, desde luego, del triunfalismo, porque básicamente lo que sigue esperando a los colombianos hacia adelante es trabajo. Pero lo que sí es fundamental para la nación colombiana es que ha recuperado integralmente su vocación de futuro y su ánimo de acierto.

Posiblemente los colombianos no tengamos, en el interior, la misma perspectiva que se tiene del país en el exterior. Estamos incursos en una etapa de transición en la que se pretende dejar atrás un largo conflicto armado, alimentado con el narcotráfico, y la perentoria necesidad de superar la pobreza. En todo caso, ese conflicto se vislumbra, como alternativa futurista, completamente agónico, sin respaldo popular alguno y en retirada. Lo que no quiere decir que no haya que mantener la consigna de eliminarlo y archivarlo como un mal momento de la historia. No es, ciertamente, Colombia el país problema que lo fue en una época, sino uno que, por el contrario, está listo a aportar al concierto de naciones con sus experiencias e ideas creativas.

No se trata, precisamente, de voluntarismos o enseñas publicitarias. Existe una renovada fe en Colombia y de eso puede dar crédito en sus estadísticas. Si se logra mantener el crecimiento económico a un ritmo de 6 por ciento o mayor, se patrocinan las inversiones, se mejoran la calidad y cobertura educativas y se generan mayores posibilidades de empleo, habrá renacido un país de los escombros de quienes quisieron vapulearlo a través de la corrupción, la hostilidad y el odio.

Las dinámicas políticas y sociales suelen ser complejas. Básicamente por una razón: siempre hay factores que pretenden la regresión o el statu quo, mientras otros quieren avanzar y generar nuevos escenarios. El presidente Santos, sin duda, es el líder en Colombia del segundo caso, con una multitud de gente que quiere esa Colombia remozada. No se trata, en absoluto, de abandonar la experiencia, ni de esquivar las lecciones del pasado, sino de llevar todo ese acumulado hacia un teatro positivo. Si bien Santos ha entendido ello desde el punto de vista interior, también lo ha practicado en el escenario internacional.

Interesa, pues, que esta Cumbre de las Américas no sea sólo motivo de los protocolos acordados, sino que igualmente sirva para mostrar al mundo entero ese país emergente. Seguramente ello no es suficiente con la reunión de los Presidentes en Cartagena, por lo cual en adelante tendrá que realizarse una ingente labor para cambiar paradigmas universales. Aún es doloroso, justamente, ver como cuando hay un Mundial de Fútbol lo que se recuerda sobre Colombia es el asesinato de Andrés Escobar, como hoy ocurre con los prolegómenos de los Olímpicos de Londres, donde en ciertas crónicas se rememora que la primera medalla de oro para el país, lograda por María Isabel Urrutia, la obtuvo como consuelo de una nación sumergida en un conflicto armado. Todavía conduele saber que los colombianos necesitan visas para ingresar a la mayoría de países y también es negativo saber que en el imaginario se nos recuerda por la hoja de coca y los narcotraficantes. Toda esa carga publicitaria y periodística, que por sus grandes titulares orbitales llevaron a “endiosar” a “Manuel Marulanda” o a Pablo Escobar, hay que revertirla. Ello no será posible con consignas como la de Colombia es pasión pero sí con una agresiva y audaz campaña de Marca-País.

Es hoy Juan Manuel Santos un líder latinoamericano del mayor interés. Lo que centre la atención de su discurso hoy en la Cumbre de las Américas será, precisamente, lo que tenga para decir de Colombia como un actor internacional interesante hacia el futuro.

Edtorial/El Nuevo Siglo