27 de enero de 2023
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Transmilenio: vivir de limosna

31 de marzo de 2012
31 de marzo de 2012

eduardo lozanoLa violencia nunca ha sido buena consejera y siempre ha traído penosas consecuencias.

Pero a esto se suma lo que aparenta ser un desconocimiento del tema por parte del Alcalde Mayor Gustavo Petro, quien salió hace pocas horas a decir que el sistema había colapsado.

El burgomaestre fue el último de los bogotanos que se dio cuenta de una dificultad detectada desde hace tres años por lo menos. Esa desactualización de los temas es lo que ha dejado un gran vacío entre sus electores, que hoy en páginas de facebook, están pidiendo un gran movimiento de respaldo para buscar la revocatoria del mandato para Gustavo Petro.

Quienes votaron por Petro para la Alcaldía no lo hicieron por él, sino en contra de Alvaro Uribe a quien no contento con 8 años en el gobierno como presidente, megáfono en mano le dio por hacerle campaña a Enrique Peñalosa.

Pero volvamos al tema de Transmilenio.

Para escribir estas líneas me dedique a mirar algunos documentos del Concejo de Bogotá y encontré cosas tan absurdas, que solo ocurren en este país.

El proyecto de Acuerdo del Concejo radicado con el número 363 de 2006, dice en la exposición de motivos cosas como estas, luego de analizar las cifras de ingresos por parte de los transportadores y dueños del sistema.

“la participación del Distrito en los ingresos del sistema en los años 2001-2005, apenas alcanza entre el 3% y 5.6%.
Tomando como ejemplo el año 2004, se observa que los operadores recibieron por ingresos del sistema $ 293.222,3 millones, mientras que la participación del Distrito apenas llega a $ 16.282.3 millones, es decir escasamente un 5.6%.
No obstante que el Distrito ha hecho grandes inversiones para montar el sistema Transmilenio, los operadores apenas adquieren los vehículos articulados, alimentadores y realizan la operación y administración. Los concesionarios no han realizado ningún tipo de inversión para proveer la infraestructura del Sistema Transmilenio. Es decir, que el Distrito les entrega «montado el negocio» para que estos simplemente lo operen y administren.
En consecuencia, la propuesta de crear una sociedad de economía mixta que tenga como objeto la operación de la fase tres y subsiguientes de Transmilenio, con participación mayoritaria del Distrito, de los pequeños propietarios de vehículos de transporte colectivo y aportes de personas jurídicas públicas del nivel nacional, departamental, municipal, distrital, o personas jurídicas privadas, es altamente beneficiosa para la ciudad.”

Esto bien entendido quiere decir que mientras la ciudad pone las pistas de rodaje, las estaciones, la policía para vigilancia y a través del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) hace las obras complementarias, recibe apenas un 3 por ciento del producto del negocio, mientras que los transportadores se quedan con la tajada gigante de la torta.

El hoy secretario de Gobierno de Bogotá, Antonio Navarro Wolf en un debate que adelantó en sus tiempos de congresista hace unos años, hizo la siguiente denuncia para referirse al negocio del Transmilenio:

«solo 9 personas naturales y sus familias son dueños del 85 por ciento de Transmilenio”.
El Senador Navarro «citó como propietarios a Alirio y Fabio Ruiz, de Sidauto; Humberto Prieto, Alberto Lozada, Javier Ríos, Hernando Hernández, Henry Cubides, Víctor Raúl Martínez y Hernando Bulla.»

A julio 21 de 2005, según información de Transmilenio había 14 empresas operadoras de los vehículos articulados y alimentadores, lo que indica la altísima concentración del sistema en muy pocas empresas.

Hoy las cosas no han cambiado y los bogotanos seguimos padeciendo los problemas que a diario presenta el sistema, tales como sobrecupo en los buses, demora en el servicio, absurdas aglomeraciones en las estaciones y unas pistas de rodaje totalmente destruidas.

A LA  SOLUCIÓN “HAY QUE PONERLE CALZONES”

La única fórmula que muchos habitantes de esta ciudad vemos viable, es la constitución de un sociedad mixta que cobije al Distrito Capital y a los transportadores de Transmilenio, con una mejor participación económica para Bogotá.

O en su defecto que los transportadores asuman el mantenimiento de las vías que durante tantos años les han servido para lograr sus abultadas ganancias.

No es posible vivir de una limosna cuando las inversiones tienen características macro y corren por cuenta del erario capitalino.

A esto “hay que ponerle calzones” y una posición muy firme del gobernante frente al gremio transportador. De no ser así, las consecuencias serán peores.  

Al cierre de esta nota, recuerdo la frase del ex presidente Darío Echandía por allá en los años 50 y que hoy le aplicaría al Alcalde Gustavo Petro:
EL PODER PARA QUÉ…??

Si usted amigo lector, no conoce el Transmilenio de Bogotá, le invito para que entre a esta dirección:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=PzlLT6xJ-38

[email protected]