4 de febrero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Réquiem por la Librería Palabras

10 de marzo de 2012
10 de marzo de 2012

La librería de Germán Velasquez y Sofía, su finada esposa, se inició  en 1977 (hace 35 años) en el entorno del Parque Caldas con el nombre de librería “Académica”. Luego se mudó a la carrera 23, enseguida del Banco de la Republica, donde estrenó la denominación que llevó durante siete lustros. Después recaló a la vuelta, en la calle 23 entre 23 y 24 y finalmente, hace cinco meses,  fue a parar muy lejos del perímetro histórico, al frente del Batallón Ayacucho, con el propósito de reducir gastos, y tampoco funcionó el cambio. La clausura se cumplirá el jueves 15 de marzo. El surtido que queda está en liquidación con descuentos generosos.

Para el librero salamineño, que fue alcalde de la Ciudad Luz,  la verdad monda y lironda es que este tipo de negocios ha dejado de ser viable por varias razones, aunque ello no quiera decir que el libro se esté precipitado definitivamente hacia la tumba tecnológica que, desde luego, incide de alguna manera en la lamentable decisión.

El gran dolor de cabeza de  todos los libreros es la costumbre de la fotocopia. Hay un número muy significativo de universitarios que estudian con fotocopias de capítulos de libros y de libros enteros. Según don Germán, se ha entronizado en la universidad una mentalidad de fotocopia tan impresionante que muchos profesores no hablan del libro o los libros con los que se trabajará un curso, sino de las fotocopias que ya están confeccionadas y que las venden en la misma universidad, y subraya: “Uno podría decir –sin temor a equivocarse– que muchos estudiantes cruzan los cuatro o cinco años de su carrera, sin utilizar un solo libro. Es aterrador, pero así es”.

A renglón seguido aborda la influencia de Internet: “No hay la menor duda  de que el internet cambió radicalmente nuestras vidas y todo el mundo tiene la información a su disposición a partir de esta herramienta maravillosa. Y ni se diga el crecimiento del mercado de las tabletas desde las cuales se puede bajar gratis en muchos casos muy buena parte de los libros importantes. O comprarlos a precios relativamente bajos”. Y adiciona otro ingrediente: “Algunas casas editoriales decidieron que sus libros se distribuyan en las grandes superficies -Éxito, Carrefour, Carulla etc- restando competitividad a las librerías”.

Velasquez cuenta, además: “Las librerías que vendíamos textos escolares nos encontramos con que las editoriales decidieron venderlos ellas mismas directamente en los colegios. Nuestra librería contrataba en años anteriores cuatro supernumerarios para atender este mercado. Es obvio que hoy por hoy no necesitamos ni uno”.

La ominosa piratería también es de la partida: “En este país, en donde la cultura de lo ilegal se practica hasta en las mejores familias, mucha gente –igual sucede con la música– espera a que salga el libro pirata, el que  casi siempre viene  en el mismo momento que el legalmente editado”.

En su plática con el Contraplano, señala el amigo Velásquez: “En fin,  llevamos varios años intentando sobrevivir, cumpliendo una importante labor cultural,  pero como puede darse cuenta, se hizo imposible continuar. Definitivamente esto es un duelo similar al que se vive cuando se despide a un ser querido. 35 años no son poca cosa. Queda, eso sí, una enorme satisfacción de haber hecho las cosas bien y de haber tenido la oportunidad de conocer y tratar a personas  maravillosas, muchas de las cuales son mis grandes amigos”.

La apostilla:
El talentoso cronopio bogotano Ignacio Ramírez, !alma bendita!, quien no le temía a las repeticiones de los sonidos articulados, escribió alguna vez que la más hermosa de todas las palabras de la lengua castellana es la palabra PALABRAS.