28 de enero de 2023
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Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Educando a papá

6 de marzo de 2012
6 de marzo de 2012

victor zuluagaHubo (y aún se puede observar en el caso de la India) sociedades estructuradas en castas rígidamente establecidas en las cuales era necesario que los hijos continuaran con el oficio que habían desarrollado los padres. No era posible, por ejemplo, para un comerciante, pensar que su hijo se dedicara a la actividad militar o religiosa. Vuelvo al caso de la India para decir, por ejemplo que para ser sacerdote, en el caso de la religión Brahmánica, era necesario que el sujeto perteneciera a la casta sacerdotal. No había por lo tanto, elección.

Luego vendría una etapa en donde ya no había castas, pero sí estamentos y en estos últimos sí era posible cambiar de oficio en relación con el que había desempeñado el padre, pero finalmente estaba restringido a unos oficios determinados. Y llegaría por último una etapa que podríamos llamar “democrática” en la cual se puede producir un ascenso social, un cambio, en la medida que en teoría todos los seres humanos nacemos iguales y podemos escoger la profesión que queramos.

Pero se destiló (y aún quedan vestigios) en una época que los padres trataban de imponer a sus hijos una profesión, en algunos casos tratando de realizar anhelos frustrados o tratando de lograr desempeñarse en una profesión que le diera un mayor estatus o por último, buscando que se perpetuara la profesión del padre o de un abuelo.

Colombia es un país en donde aún una inmensa minoría logra llegar a la Universidad y otra aún más reducida, culminar sus estudios. Las condiciones o las facilidades para acceder a la educación superior son bien reducidas. Quizás por esta razón podemos encontrar médicos que son unos grandes compositores como Jorge Villamil; o unos ingenieros químicos, grandes conductores de programas radiales deportivos como Hernán Peláez y así sucesivamente.

Todo ello nos hace pensar que a veces puede más la presión de la familia o simplemente una mala orientación profesional o que ésta última no existe. Por ello también es posible encontrar que muchos estudiantes cursan un primer semestre y luego cambian su carrera, o simplemente abandonan la Universidad.

Dos factores importantes, a nuestro juicio, deben tenerse en cuenta en el momento de elegir una profesión y desde luego, no necesariamente desarrollarla en una Universidad: la capacidad y la preferencia. La primera tiene que ver con los fundamentos y habilidades que se puedan tener en un campo específico. Por ejemplo, si quiere estudiar ingeniería, pues lo lógico es que haya adquirido unas competencias en matemáticas, que le permitan abordar con éxito las diferentes. Si el área de interés se encuentra, por ejemplo, en la abogacía, pues es lógico que debe tener unos buenos fundamentos de lecto-escritura y capacidad de comunicación oral. Pero si hablamos en términos de preferencia, estamos refiriéndonos al entusiasmo que puede despertar el conocimiento del cuerpo humano, o el interés por la naturaleza, por la prestación de un servicio social que implique entrega a la comunidad o a los sectores más débiles de ella. En síntesis, es necesario conjugar el querer con el poder.

De acuerdo con el filósofo Popper, todos los seres humanos llegamos al mundo dotados de ciertas capacidades físicas, psicológicas y conceptuales. Lo importantes es poder detectar cuál es la dosis que cada uno de nosotros tenemos de estas capacidades, de estos dotes. Es claro que una persona como Messi, tiene un don extraordinario en el manejo de su cuerpo, de su dotación física, y el haberse dedicado al fútbol lo ha posicionada a tal grado que él no busca el dinero sino que el dinero lo busca a él. También es claro que personas como el pastor Portela tiene una capacidad de convicción, de manejo de la palabra, que basta pararse ante unos fieles, hacer vibrar a la gente y luego pasar por la limosna, que llega más o menos de manera generosa.

En fin, es fundamental en los primeros años de vida estimular y construir lo que podríamos llamar un “sistema operativo” en los jóvenes, de tal manera que cuando lleguen a su plenitud, puedan correr con éxito, los  “programas” por su mente. Eso permitiría ahorrarnos el esfuerzo de formar un médico como el doctor Villamil, cuando hubiese sido mejor un músico.

Para ello tenemos que educar a los papás y también a muchos docentes.