3 de febrero de 2023
Directores
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De cómo competir con los medios electronicos

10 de marzo de 2012

gilberto montalvoLas distancias en la comunicación se acortaron con la presencia de estos nuevos modelos que permiten el acceso masivo de quienes tengan a la mano un ordenador y la instalación a una red. Punto.

La calificación de los productos periodísticos  son de suyo por su calidad y es donde entran a ser protagonistas de primera línea periodistas con formación o profesionales de otras disciplinas que pueden verter sus conceptos y originar información sin las barreras y las tiranías  de los editores o los dueños de los medios tradicionales.

Democratización de la información y la opinión sí, pero con el complejo dilema de que los receptores todos los días  exigen calidad y sólo con la idoneidad de los generadores de los contenidos se logra penetración porque de lo contrario estaríamos frente a la evolución de la basura y los ruidos que a la postre terminan no interesándole a nadie.

Las múltiples referencias recientes de los WikiLeaks no los han hecho famosos o volvieron reales y de consumo general  por autonomía como tales sino que fueron decantados, confrontados, evaluados casi con milimétrica cirugía por los periodistas de los cinco más importante diarios del mundo quienes les dieron la categoría de insumo cierto.

Los desechos de WikiLeaks son más abrumadores que la esencia si nos atenemos al acervo bochinchoso que sale de embajadas donde al calor de cócteles se generan chismes irrefrenables que nada le aportan a la calidad de una buena información como  derecho de los interesados y en la que tienen el deber quienes se dedican a esto de los medios de comunicación.

¿Pero como competir entre las múltiples expresiones comunicacionales? No hay duda que con contenido.

Volvemos. La crónica y el reportaje en prensa escrita son los únicos que pueden competir con los medios electrónicos porque la información se ha dejado a la radio y la televisión, sin antes advertir, que en estos medios no se echa mano de estos rudimentos porque la inmediatez los hace vulnerables a la profundización en los temas y generalmente, hay excepciones, son tangenciales en solo informar y el análisis no aparece por parte alguna.

La crónica y el reportaje inducen al buen periodista a una irresistible voracidad por el detalle que lo  vuelve insaciable mientras la curiosidad  crece a cada instante. Hilvanar frases y darles ritmo y cadencias, casi musicales, son elementos mágicos que permiten en medio de la lucidez encontrar caminos para que el lector se aferre al texto y no se permita alucinaciones que perturben su encantamiento.

Un buen introductorio, por ejemplo, debe ser tan cautivante que aunque sea la hora vespertina pueda competir con la posibilidad de un buen cine. La pericia del escritor debe anclar al subyugado lector sin compasión.

La crónica y el reportaje exigen  labor de artesano de la palabra pero más allá investigación que permita sacar de lo anecdótico el almendrón de la historia la que al final no deje dudas de que se le puede arrebatar a la rapidez de la información momentos de solaz y de cautiva expectación.