3 de febrero de 2023
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Tómelo con calma

24 de febrero de 2012
24 de febrero de 2012

acosta rufino

Al anotarle, con sutileza, que ese giro del auxiliar haber es incorrecto, un plural imposible, no pareció aceptarlo de buen grado, y nos mandó al sitio más alto del mástil. “No se crea tan pluscuamperfecto”, fue su expresión. Esperamos, al menos, que le haya quedado la inquietud para no volver a pisar la cáscara. Hay que tomarlo con calma y…tratar de aprender, porque el periodista tiene excusas para todo menos para desfigurar la verdad y maltratar el lenguaje.    

El episodio, con sello de anécdota, sirve como abrebocas de estas notas desapacibles, dedicadas a los avatares de la lengua cervantina, sin el propósito de emular a los llamados caza gazapos que en el país hacen carrera y valioso aporte.

En espacios radiales como el de Acord Bogotá (Antena 2, RCN), y en otros que nos brinda la red (Verbienmagazin, Eje21), solemos trajinar sobre el terreno de los resbalones comunes al momento de hablar o escribir. Ahora veremos algunos ejemplos.      

Valor del diccionario. El académico Juan Gossaín, embelesado por el ruido de las olas del mar caribe en Cartagena, recordó en una estupenda nota para El Tiempo, que hace un poco más de 400 años, a un fraile de la época se le ocurrió decir que el diccionario, acabado de inventar, no tendría futuro y se convertiría en el cementerio de las palabras. El colega, compañero en El Espectador de otros tiempos, escribió para reafirmar que el diccionario, uno de sus grandes amores, sigue vivo y ni siquiera le hacen cosquillas los embates modernos de la tecnología. Es el amigo siempre al alcance de la mano.

Términos deportivos. La cultura deportiva del país podría tomar mayor impulso si en los medios de información se dejara la tendencia de mantener los términos originales en ingles de algunas disciplinas, a pesar de que desde hace rato tienen su equivalente en español. Para el caso del tenis, por ejemplo, hablan de tie-breaker cuando podrían decir simplemente desempate. Tal parece que el esnobismo gana la partida.

No tiene voz pasiva. La Fundación del Español Urgente, que funciona en el país con la asesoría de la Academia Colombiana de la Lengua, recordó que la frase “fue abusada”, de uso común en los medios cuando se habla de delitos sexuales, es incorrecta, porque el verbo abusar no tiene voz pasiva. La entidad recomienda el empleo de la voz activa (abusó), aunque en realidad, para efectos prácticos, lo mejor sería que nunca hubiera que utilizarla.

Sonrojo de notariado. Es una pena escuchar frases con la expresión “han habido”, en boca de personajes del periodismo, gobierno, fuerzas castrenses, política, farándula y otras esferas. Son cada vez más frecuentes, y desde luego notorias, las patinadas con el uso del verbo haber, sin que por lo visto nadie se sonroje. Ni el superintendente de Notariado y Registro. La manía de agregar la ene, para hacer un plural imposible, parece tener la fuerza de un huracán. No ha habido forma de evitarlo.

Ciento por ciento. Se escuchan las diversas propagandas sobre productos y campañas y persiste la costumbre de hablar del cien por ciento, en lugar del ciento por ciento. Tal parece que los creativos de la publicidad decidieron olvidarse de las normas básicas del idioma español para seguir quizás la viciada costumbre popular. Ciento por ciento equivocados

Comenzar en el olvido. No se sabe cuándo empezó la guerra del desuso contra el verbo comenzar. El hecho es que los comunicadores de hoy solo hablan de iniciar, sin preocuparse por su correcta conjugación (casi siempre necesita complemento). Ahora nada comienza o empieza: todo inicia. Aquí ocurre un verbicidio parecido al de colocar por encima de poner. Gajes de los desvíos idiomáticos, y de la falta de control de calidad de los medios.

Oportunidad en las redes. Con el crecimiento de las redes sociales en los medios electrónicos, tipo Twiter, Facebook y similares, se les presenta a los cultivadores del idioma español, una excelente ocasión para lograr los objetivos de brevedad, claridad, sencillez y pulcritud en el uso de la lengua vernácula. No hay que caer en la trampa de la inmediatez para justificar errores imperdonables.

Demasiado es exceso. Se pretende instituir como colombianismo el adjetivo demasiado, en el sentido positivo de mucho, muy o bastante, cuando lo cierto es que tiene connotación negativa. Cuando se afirma que algo es demasiado bueno, como para ponderarlo,  en realidad quiere decir que se pasa de la raya, cae en el exceso, y por lo tanto  resulta todo lo contrario. Por eso nunca más apropiada la frase aquella de que es demasiado bueno para ser verdad.

Cosas de eufemismos. Desde cuando entramos en la línea de los eufemismos o del estilo alambicado, ya nadie quiere llamar las cosas por su nombre. Los términos originales les abrieron paso a los elegantes. Por eso el ladrón ya no es tal sino un amigo de lo ajeno, y en Bogotá si alguien comprar algo pide que se lo regalen. Esguinces lingüísticos de cuello blanco.

Al cerrar este vistazo por los vicios del idioma en los medios y en la comunidad en general, no sobra reiterar que nada pretendemos distinto de atraer la atención sobre la necesidad de comunicarnos dentro de la más castiza forma posible. Cervantes y don Rufino J. Cuervo lo agradecen.

A quienes se interesen por los asuntos del idioma, les recomiendo el libro Laberintos del Lenguaje, una recopilación de las mejores notas sobre español del maestro Gonzalo González (GOG), una verdadera autoridad en la materia. Se puede obtener como impreso o electrónico en la dirección www.libreriadelau.com.