1 de diciembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Las Fiestas de la Cabuya

13 de febrero de 2012
13 de febrero de 2012

elucieron organizadores locales, como Uriel Ocampo, Aldemar Giraldo o Javier Gómez Ocampo. El cultivo de la cabuya fue promovido en nuestros cafetales y expuesto en el resto del país; de igual forma, se destacaban los sacadores de cabuya, quienes metían la mata en el torniquete, y luego se volvía saco de fique, sandalia u otros objetos. Causaron una verdadera sorpresa los fonomímicos, que  en ese momento salieron a la luz pública.

En aquellos años no había televisión, ni entretenimiento como lo conocemos hoy; escasamente emitía y  llenaba el espacio Radio Manizales. Sus periodistas y realizadores de programas eran reconocidos personajes, quienes nos visitaron en esos días memorables, como Rodrigo Correa Palacio, Jorge Molina Marulanda, José Orrego Peralta, y otros. Esta festividad nos dio mayoría de edad, cuando tomábamos conciencia de nuestra  existencia como comunidad civil. Discurría la época del Gran Caldas, cuando en política existió  el Frente Nacional, o sea la participación de los dos partidos  de manera equitativa en la burocracia. Tan civilizada fue nuestra participación en las Fiestas de la Cabuya, como en la política del Frente Nacional.

Sea esta la oportunidad para señalar que en esos años surgió nuestra madurez y estos eventos sociales nos dieron el norte en dirección a una sociedad equilibrada. Aquella experiencia le proporcionó a Aranzazu una relativa superioridad frente a las poblaciones adyacentes, pues Salamina, por excelente prosapia que tenga y un patrimonio cultural inocultable, no tuvo unas fiestas como las nuestras. Aunque las Fiestas del Aire eran muy hermosas, además de tener un  nombre espléndido, no se equiparaban con lo que eran en ese entonces la Fiestas de la Cabuya.

La idea de cambiarle el nombre a las Fiestas de la Cabuya, como lo ha sugerido César Montoya Ocampo para ponerlas a tono con la nueva época que transcurre, es una idea acertada. Esto en razón a que su escaso cultivo en nuestros días,  no tiene representatividad  en lo  económico o social. He aquí unos nombres  que se podrían utilizar: Las Ferias de la Esperanza, Las Ferias de la Belleza, Las Fiestas del Paisaje Cafetero.  O, como lo sugiere el mismo penalista-escritor, las Fiestas del talento aranzacita. El paisaje cafetero colombiano es patrimonio de la Humanidad, declarado por la Unesco. Aprovechemos este hecho para apropiarnos de ese nombre.