4 de febrero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

La ofrenda parroquial

26 de febrero de 2012
26 de febrero de 2012

era una fiesta que  llenaba el parque principal, los hogares y el espíritu de los aranzacitas. Cada vitral era anunciado con propaganda por el sacerdote Simón Zuluaga, y esperados con emoción antes de ponerse en las altas paredes del templo.
Otra obra que se hizo con el esfuerzo económico de la población,  fue la aprobación del bachillerato del colegio pio XI.  Antes del año l965 hubo clases hasta el segundo grado, situación que se mantuvo por varios años. Luego los estudios llegaban hasta el cuarto grado. Muchos jóvenes graduados en cuarto grado  salían a conseguir trabajo en el mismo pueblo y unos pocos salían a  la capital. El esfuerzo final fue demasiado largo. Para hacer el quinto y el sexto de bachillerato el colegio debía tener un laboratorio de química y física. Según las personas de la época, este laboratorio valía una alta cantidad de dinero y no había forma  de conseguirlo de otra manera, sino con los aporte de la comunidad. Hubo numerosas semanas cívicas para reunir este dinero. No tengo información si hoy se hacen semanas cívicas para ayudar a una institución o se  convoca el esfuerzo colectivo para aliviar las deficiencias del Estado.
Esa condición  de colaborar  a  cambio de nada es una muestra fehaciente de nuestra manera de ser. Otro aspecto de este desprendimiento social, fue esa época en que Aranzazu tenía copiosas votaciones, cuando salían los campesinos y votaban con la idea de elegir una persona  sin pedir compensación a  cambio. Me imagino que las costumbres han cambiado y  hoy las obras públicas no se hacen con limosnas y las elecciones con votos desinteresados. Los campesinos salían el domingo de elección con el nombre del candidato y la labor de los repartidores de votos, era preguntar por quién se debía votar,  y en ese sentido se entregaba la propaganda o el voto. No era posible pretender cambiar la voluntad del votante, por analfabeta o desinformado que fuera. ¡Que épocas tan diferentes nos ha tocado vivir!
Sobre nuestra vocación caritativa, nos acordamos de las rifas de José la Tunga, quien vendía todas las boletas y la rifa  se la ganaba su propia madre. O las personas que recorrían el pueblo con la ponchera recogiendo el dinero que algunos no habían depositado en el momento de la misa.  Las personas adineradas y las sociedades de los pueblos son señaladas de ser insolidarias, o indiferentes, pero en otras épocas había esfuerzos para eliminar esta condición raizal.
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