8 de diciembre de 2021
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¿Serán verdades, serán mentiras?

22 de febrero de 2012

pacho galvisComencemos con esa que dice: “es que no tengo qué ponerme”, por lo general pronunciada por aquellas que, teniendo repleto el clóset de chiros, lo que están es demandando la satisfacción de ansiedades y antojos, para seguir con “estoy lista en cinco minutos”, que es como esa otra de “estoy saliendo, ya llego”, premisas de ordinario imposibles y por tanto falsas, y con esta de la más alta significación: “la edad no me afecta”, que en realidad denota la preocupación por los estragos que dejan los años y de eso hablan los ahorros para el botox y los implantes al frente arriba y atrás abajo.

Vamos calle abajo con: “anda tú a la fiesta que yo me quedo en casa. Pásala bien y tráeme una hamburguesa”, que traducida es como un grito del alma para que no las dejen solas o se verán las consecuencias el día siguiente. Cosa jodida cuando salen con aquel “estoy bien” porque lo que están es muy mal, de donde el consejo es quedarse a su lado hasta que salte la liebre y hablen, evitando de paso ese otro “a vos no te importa nada de lo mío” que hace los estragos de una lezna hundida en el pecho.

Yendo por el filo de la navaja va esta en tanto probable como improbable: “nunca te he engañado y jamás lo haré”, dejándola de ese tamaño para no caer en honduras. Viene el turno para “fué el mejor sexo que tuve en mi vida”, en lo que siempre será mejor seguir atentos el lenguaje corporal. Las mujeres son poco francas en asuntos de sexo, lo dicta la experiencia.

He aquí un temita para la oficina de estadísticas: “sólo me acosté con x cantidad de hombres”. A no ser que sea tonta, ninguna querrá pasar por coleccionista o buscona más allá de la media, menos si está de retiro para formalizar una relación hasta que la muerte nos separe, esa que la existencia reclama después de tantas escaramuzas y refriegas.

Viene una peligrosísima: “deja, yo pago la cuenta hoy, tu siempre pagas” que, en la mayor parte de los casos,  lleva implícita la recóndita esperanza de que no les cojan la caña. Es mejor pagar siempre para que no te eleven cargos de cicatero y miserable. Bueno, y cuando dicen: “no estoy preparada para estar de novia”, a la vez que pudiese comportar un rechazo, no hay de qué preocuparse: la fórmula es darles su tiempo y verán que terminan ponderando aquel vestido de novia y chorreando baba por ese bello anillo que están ahí en los mostradores.

Ajá, y cuando ellas dicen “no estoy enojada”, a tenerse atrás. Posiblemente ocurra que estén llevada de los mil demonios y esto es de usanza en las relaciones de pareja. Por tanto, no hay que olvidar su cumpleaños, especialmente si se trata de los cuarenta y los cincuenta, pero de ahí en adelante no haga escándalo, pero tampoco lo olvide.

Y no hay que creerles cuando dicen “no me molesta que salgas a almorzar con otra” o “no me importa que mires a otras cuando estás conmigo”, porque sí les molesta y sí les importa. En estas materias ninguna mujer está hecha para derrochar frescura. Dejemos ahí y no nos metamos con el “hoy no, tengo jaqueca”, que admite variadas hipótesis que es mejor no menear.

Tiro al aire:
desearía saber si este enero las corralejas costeñas, donde los toros matan caballos, tuvieron o no el patrocinio publicitario de la FLA.