1 de diciembre de 2021
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¡No faltaba más! Palestra, saraviada-sarabiada, vía

21 de febrero de 2012
21 de febrero de 2012

osorio efraim

La columnista de El Tiempo, Florence Thomas, mutiló un dicho, muy empleado y muy expresivo, en este su compromiso público: “Viviane, si te obligan a renunciar, nosotras las feministas haremos que pase un proyecto de ley que obligue a todos los hombres públicos del país a presentar la hoja de vida de sus esposas y/o amantes. ¡Faltaba más!” (2/2/2012). No menciono el absurdo e inútil “y/o”; únicamente, como dije, la mutilación de la conocida y elocuente expresión ¡no faltaba más!, con la que manifestamos vehementemente nuestra indignación y rechazo por algo que alguien podría decir o realizar, por ejemplo: “El juez fulano de tal le ordenará al gobierno y al ejército nacional que le pidan perdón a los criminales del M-19 por haberles impedido lograr su propósito de llegar a la Casa de Nariño y deponer y enjuiciar al presidente de la República. ¡No faltaba más!”. Expresión que también se escucha enunciada de las siguientes maneras: “¡Ni más faltaba!” y “¡no faltaría más!” (castiza ésta, gramaticalmente considerada, por la adecuada inflexión verbal que emplea). La de la columnista nada dice. Tal vez, creo yo, la perjudicó el vicio de la imitación, porque así la he escuchado y leído. Y es cosa sabida, no por esto menos preocupante, que estas corruptelas son las que más fácilmente pegan. ***
En su novela “El Zorro, comienza la leyenda”, Isabel Allende cuenta que los niños le arrojaban peñascos a un oso. Solamente Supermán es capaz de lanzar un peñasco; un muchacho, un pedrusco, o, quizás, una piedra, como las que lanzan los encapuchados en cualquier manifestación. Recordé el inverosímil episodio cuando leí esta frase de César Montoya Ocampo sobre Jesús Franco Ospina: “Antes que acuarelista de palestra milagrosa, es un diletante universal” (LA PATRIA, 2/2/2012). Casualmente, el mismo día, en el mismo periódico y en la misma página leí esto del hermano Andrés Hurtado García: “Seguiré martillando sobre el tema en otros medios y en todas las palestras que se me ofrezcan…”. La ‘palestra’ de que habla este amante apasionado de la naturaleza es el “lugar donde se celebran ejercicios literarios públicos o se discute o se controvierte sobre cualquier acto público”. Definición que indica que la idea expresada por ‘palestra’ en la oración del hermano Andrés es la correcta; no así la del doctor Montoya Ocampo, pues, aunque me parece imposible que lo haya hecho, en ella confundió ‘palestra’ con la ‘paleta’ de los pintores, como la escritora chilena confundió ‘peñasco’ con ‘pedrusco’. Al artista de La Francia le quedaría muy difícil pintar con una ‘palestra’ en la mano. ***
En el mismo artículo, el escritor César Montoya escribió: “Debajo de pequeño palacete unas gallinas saraviadas picotean en un reducido promontorio”. Don Rafael Arango Villegas, refiriéndose a las mismas aves de corral, lo hizo de este modo: “El canasto tenía una gorguera de plumas, como de cóndor andino: eran gallinas, muchas gallinas –sarabiadas, amarillas,  blancas- que iban, colgadas de las patas, a abastecer mi cocina” (Bobadas Mías, “Tómense dos libras de mantequilla y quiébrense cuarenta huevos”). Nuestro escritor costumbrista, el mejor de ellos, no cometía errores de ortografía. ¿Entonces? Busqué, para que me sacara de la duda, a don Tomás Carrasquilla, y esto encontré: “Toda esta canalla de blancuzcos y gurres no le hacen cara ni a una gallina sarabiada” (“Hace tiempos”). Y yo, a todas ellas, a las moteadas con pintas negras y blancas, que andaban libremente escarbando en las sementeras, las veía con ‘be’. Con esta grafía, dice Néstor Duque Villegas, el término viene de ‘sarabia’, ‘granizo’ en gallego (“Apuntaciones sobre el habla antioqueña en Carrasquilla”). Rafael Uribe Uribe, en su Diccionario Abreviado, dice escuetamente: “Sarabiao, pintado”. Al diccionario de la Academia de la Lengua llegó este adjetivo, ‘saraviado-a’, alrededor de 1970, sin etimología, con esta definición: “Col. y Venez. Pintado, manchado, mosqueado. Aplícase a las aves”. Conclusión: Por la autoridad de don Tomás Carrasquilla, por el origen que le da Néstor Duque V., por la casticidad de don Rafael y por lo que asienta ‘mi General’ en su diccionario, me parece que la ortografía es ‘sarabiado-a’. ¡Qué le vamos a hacer! ***
El presbítero Luis Felipe Gómez Restrepo escribió: “…la experiencia que vivió Brasil muestra una manera sostenible de generar demanda interna vía el aumento de poder adquisitivo de los salarios” (LA PATRIA, 5/2/2012). En castellano, en cualquiera de sus acepciones, el vocablo ‘vía’ es sustantivo, no preposición*. Para evitar esta forma telegráfica de redactar, el columnista debió emplear la preposición ‘mediante’ o la locución preposicional ‘por medio de’, así: “…generar demanda interna por medio del aumento…”. *Nota: Actualmente, como lo anota el Diccionario Panhispánico de Dudas, ‘vía’ es preposición “cuando precede a un sustantivo con el sentido de ‘pasando por o utilizando el medio que se indica’. “Voló de Texas hasta Australia, vía Londres”. “La distribución vía Internet…”. En estas dos oraciones equivale a la locución ‘a través de’. En los demás casos, sigue las normas que cobijan a todos los sustantivos, razón por la cual debe estar precedido de las preposiciones correspondientes: “en vía de”, “en vías de”, “por la vía de”, “por vía de”, etc.