27 de enero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Estilo, ex, diezmar

29 de febrero de 2012
29 de febrero de 2012

osorio efraim

“El hombre es el estilo, dijo un pensador”, escribió el doctor Luis Emilio Sierra Grajales (LA PATRIA, Correo Abierto, 11/2/2012). Es al revés, señor: “El estilo es el hombre”, palabras que el naturalista francés Jorge Luis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), pronunció en el “discurso sobre el estilo”, con motivo de su ingreso en la Academia Francesa. Entre paréntesis, de él se dice que “su genio de escritor hizo entrar a las ciencias en la literatura”. Se discute, sin embargo, si fueron aquéllas las palabras precisas o éstas: “le style est de l’homme même” (“el estilo es del hombre mismo”), “es decir, pertenece al hombre, el cual lo crea, lo moldea a su gusto y le imprime su personalidad propia, como un sello que caracteriza al escritor” (José María Sbarbi y Osuna, presbítero, 1834-1910). La respuesta la da José María Iribarren, quien afirma que “la frase en cuestión es de Buffon, y su discurso, en la tercera redacción definitiva, dice textualmente: “Le style est l’homme” – “el estilo es el hombre” (“El porqué de los dichos”); razón por la cual, añade Buffon, “no se puede hacer desaparecer, ni transmitir ni alterar; si es elevado, noble y sublime, el autor igualmente será admirado por siempre”. Se discute también si la frase del naturalista francés es ésa, o ésta: “el estilo es el hombre mismo”. No importa, la que quedó para siempre es la primera, y, en cualquier caso, no la que inventó el doctor Sierra Grajales, traicionado por “la facultad que todo lo olvida”. ***
Al editorial de El Tiempo del 13 de febrero (2012) pertenecen estas dos oraciones: “En las páginas de este diario, en diciembre pasado, el ex alto comisionado para la paz Luis Carlos Restrepo rechazó la idea de abandonar el país…”; “El excomisionado lo acusa (a Carlos Alonso Lucio) de asesorar ilegalmente a las autodefensas…”. En ellas se aplica cabalmente la nueva doctrina de la Academia de la Lengua sobre la partícula ‘ex’, que dice así: “…se considera ahora conveniente, en aras de una mayor coherencia del sistema ortográfico asimilar el comportamiento gráfico de ex- al de los demás prefijos, de manera que se escriba unido a la base cuando esta sea una sola palabra (exministro…) (…) y separado de ella  en aquellos casos en que la base sea pluriverbal (ex teniente coronel…)” (Ortografía de la Lengua Española, 2010, 3.4.3.3). Un titular de LA PATRIA anuncia:     “Piden procesar a dos exaltos cargos por fallida alerta de tsunami” (Sucesos, Santiago de Chile, 11/2/2012). Sobra anotar que en este anuncio su redactor no siguió la directriz de la dicha Academia. Lo que no sobra decir, según mi criterio, es que la Academia es incoherente en su argumento para convertir este adjetivo (‘ex’, “que fue y ya no es”) en prefijo, porque, dice, lo hace para “asimilar su comportamiento gráfico con los demás prefijos”. Y lo digo, porque ningún prefijo, ni uno solo, absolutamente ninguno, ni siquiera exـ (en ‘extinguir, excelencia, excavar’, por ejemplo), se puede separar, en ningún caso, de la palabra a la cual se une; menos, intercalar palabras entre el prefijo y la palabra base. En cambio ‘ex’, cuando, como lo dice El Diccionario en su edición del 2001, es adjetivo, siempre se debe escribir separado de la palabra que califica (los ex presidentes); sin olvidar que también  hace las veces de sustantivo, verbigracia, el ‘ex’ de Sebastiana. Lo mismo se puede decir de otros términos, que, además de prefijos, desempeñan otras funciones en la oración, verbigracia, ‘entre’ (preposición) y ‘ante’ (sustantivo, preposición y adverbio de tiempo), y que, como tales, no se pueden usar pegados a la palabra que determinan. En cambio, el prefijo propiamente dicho, separado de la palabra base, sirve únicamente para llenar dos o tres o cuatro espacios en un crucigrama. Razones que me mueven a decirle a la venerable Academia que, deduzco, no analizó estos pormenores;  que recuerde lo que enseña en su “Nueva Gramática” del 2009 (10.4g); y que si algo no está roto, no se debe reparar. ***
‘Diezmo’ procede coloquialmente del adjetivo latino ‘décimus’ (‘décimo’), con lo que significaban la “décima parte de la cosecha”. La palabra también se encuentra con la misma acepción en uno de los 5 preceptos de la Iglesia Católica, “pagar los diezmos y primicias”.  De esta palabra salió el verbo ‘diezmar’, que, primero (hace como cuatro siglos), significó “matar o castigar a uno de cada diez”, y, luego,  “causar gran mortandad en un país las enfermedades, la guerra, el hambre o cualquier otra calamidad”, fenómeno que se puede aplicar también a los animales, siempre con el sentido de disminución numérica en una misma población. Por esto, este verbo está mal empleado en la siguiente oración de LA PATRIA: “La palabra no puede ser usada para agredir, pues esto también diezma a la persona que recibe el maltrato” (Editorial, 14/2/2012). De una sola persona o de un solo individuo se podría decir figuradamente, por ejemplo, que la enfermedad está diezmando sus defensas, es decir, que las está destruyendo una a una, o, si le suena mejor, una tras otra.