2 de diciembre de 2021
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El Ojo del Halkón

12 de febrero de 2012

ruben dario mejiaVale más destacar la noticia de una masacre, la violación de un niño o niña, con un seguimiento casi morboso, que contar los grandes logros de un buen puñado de colombianos que se dedican a hacer las cosas bien, pero fue que llegamos al momento de ser morbosos en el mal sentido de la palabra y de buscar sintonía haciéndole eco al mal ajeno.

Según enseñaron en la academia de periodismo, este es para servir a la gente y ahora se está haciendo lo contrario y mucho más cuando la gente se siente molesta en el momento del almuerzo o de la cena, cuando comienzan a hacer apología del delito y más a contar cosas que no tienen sentido que de ser registradas.

No es con amarillismo que se debe buscar tener sintonía, sino con servicio, no olvidando que los medios de comunicación se hicieron fue para educar y orientar a los oyentes y televidentes.

No solo es el amarillismo con la crónica roja, porque ahora los telenoticieros y radionoticieros destilan sangre, como en épocas pasadas sucedía con periódicos tan famosos de la época como era El Bogotano, en la capital colombiana y la revista VEA, en donde únicamente se veía sangre y dolor por todo lado. Es que también en las secciones de farándula se hace amarillismo, cuando no les importa los logros obtenidos por los artistas, sino contar cosas íntimas y de esa manera destrozar la vida y honra de muchas personas.

Los periodistas que hemos ejercido esta profesión por muchos años y que la vemos como un gran apostolado nos sentimos tristes cuando en los noticieros de la mañana, especialmente, se alaba y la vanagloria va para los entrevistados, a los que muchas veces no se les deja hablar, porque quienes se creen los dueños de la sintonía hacen las preguntas y dan ellos mismos las respuestas, a sus amigos les dan todos los espacios y al pobre hombre de pueblo se le corta vulgarmente el derecho a la palabra.

A muchos de los nuevos periodistas se les trata de subir como palmeras y es por eso que tarde que temprano caen como cocos y lo peor, es que irresponsablemente se trata de demostrar que se tiene razón y la última palabra en todo lo que se dice. Es bueno el periodismo investigativo, pero si se hace con responsabilidad, porque muchas veces se hacen seguimientos con sevicia, como queriendo ser jueces y parte en muchas ocasiones.

El oficio del periodismo es muy serio, debe tener mucha responsabilidad, debe hacerse con altura y para ello hay que formar a los nuevos comunicadores y los que ya tenemos experiencia debemos de tener cuidado en lo que enseñamos y demostrar que siempre deben de ser mas importantes los entrevistados  que los periodistas, cosa que no está sucediendo en este momento, porque con el dolor en el alma hay que decirlo que muchos colegas se creen las grandes estrellas y lo peor del caso es que un día terminan estrellados.

Decía un colega en el día de hoy en un mensaje por las redes sociales, que se está acabando el periodismo económico, el social y el de buen entretenimiento, para darle paso a la crónica roja mal manejada, digo mal manejada porque hace unos años Colombia tuvo los mejores cronistas judiciales, a quienes daba gusto leer, por la calidad de sus crónicas y el profesionalismo para tratar los diferentes temas.

También estoy de acuerdo con lo que dijo hace unas semanas en su columna del periódico El Tiempo el polémico padre Llanos, cuando dice que los telenoticieros deben de cambiar porque huelen solo a muerte.

Quiero terminar alzando mi voz de protesta por el mal cubrimiento que se hizo en los grandes medios de la entrega de los premios CPB de periodismo el pasado 9 de febrero, muchos no la registraron porque no ganaron premios, olvidando que quizá esta fue una de las entregas mas claras y objetivas, porque se tuvo el criterio alto y profesional de un excelente jurado y los galardonados fueron los que se merecían llevar los trofeos, lo que no quiere decir que no se esté haciendo buen periodismo en Colombia, lo que sucede es que no se le da la importancia que se merece.

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