2 de diciembre de 2021
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ALEJANDRO ORDÓÑEZ

15 de febrero de 2012

cesar montoyaNo lo halagan los elogios, ni lo derrumba la animadversión, no lo embriagan los honores ni lo acobardan los encierros que le arman sus adversarios. Tiene la consistencia del roble. Tratan de intimidarlo o ridiculizarlo por la cristalina conciencia que lo signa, rastrean su vida, han querido fusilarlo  con mentiras, lo calumnian, pero él sigue impertérrito en la implacable persecución de los malvados. Maneja el bisturí de una ética centelleante para detectar focos purulentos  que permita la asepsia del cuerpo social del país.

Ordóñez ¿cómo encontró la organización administrativa y política de la nación?  En un desgreño sin precedentes.  Desde hace 10 años para acá, se abrieron con descaro las esclusas de la corrupción, se tuvo que soportar el brote masivo de empleados coimeros y surgió una rebatiña oficial por el acaparamiento doloso de los dineros públicos. Según cálculos de expertos más de 17 billones del presupuesto de Colombia han terminado en las faltriqueras de los pícaros.Era tan generalizado el hambre por las “comisiones” y otros desarreglos deshonestos por parte de altos funcionarios, parlamentarios y agitadores de masas,que en investigación reciente adelantada por la Universidad Externado de Colombia, expresaron los comerciantes : “si no se pagan sobornos, se pierden los negocios”. Los funcionarios públicos que adelantan investigaciones por responsabilidad fiscal, no dan abasto. Si se tiene en cuenta  que al Estado nadie lo defiende o lo defienden mal, es urgente crear un Ente  (ya está en trámite) que enfrente todas las demandas  en su contra, para taponar  el desangre billonario que provocan  los cleptómanos.

A Ordóñez le tocó heredar una cultura mafiosa. Para lograr un enriquecimiento veloz, muchos de los directivos que controlan el manejo de las arcas del pais, se empotran en la burocracia para robar. El horroroso “carrusel de las contrataciones” de Bogotá, el dañino Agro Ingreso Seguro, el desvalijamiento de los hospitales de la capital de la República,  los zarpazos a la Dian, los chanchullos en la construcción de carreteras, la vinculación de  políticos, parlamentarios o no,  con la guerrilla, la parapolítica y la delincuencia común, es una herencia delirante. Ha sido desbordada la capacidad preventiva y represiva del Estado.

Son incontables los delitos. Más de 4.000 por peculado, 1.500 por cohecho, 1.200 por concusión  y más de 7.000 contra agentes retenedores. Se sabe que hay más de 30.000 expedientes en curso como consecuencia del daño que la mafia, oficial y particular,  le ha causado a los caudales públicos.

Los crímenes que se cometen contra el Estado generan déficits inmanejables. Grecia con su debacle económica es una dolorosa lección. Enfermos de hospitales, negociantes de pescado, enlaces de  maestros, soterrados entendimientos con monasterios  ortodoxos, todos comprometidos en sobornos impunes, arrasaron su economía para convertirse en una nación endeudada, sin posibilidad de pagos, con gastos exorbitantemente mayores a los ingresos,  y finalmente con una inflación  que volvió insostenible el mundo de sus finanzas.

Resulta inmune, casi siempre,  quien delinque contra el Estado. Para quienes tienen una percepción degenerada de lo que deben ser las relaciones con las finanzas oficiales,califican de estúpido al funcionario que se retira pobre de un cargo oficial. Es audaz, exitoso y además conquista rango admirativo, el empleado pobre que ingresa a la administración y a los pocos años se retira ahíto de dinero. Esa es la cultura perversa de los corruptos.

Meterse de frente en ese mundo degenerado ha sido la misión del Procurador  Alejandro Ordóñez. Los malvados le tienen pánico. En cambio una Colombia, acorralada por los criminales, que busca con apremio aire puro, acepta complacida su reelección. Además, hay qué decirlo sin miedo, en él tiene el conservatismo un excelente candidato para la Presidencia de la República.