2 de diciembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Trece minutos de silencio

24 de enero de 2012

Ahora se dispusieron dos celebraciones en aras de la concordia evidente entre la gobernadora y la alcaldesa de Armenia.

La doctora Sandra Paola quiso hacerle un reconocimiento al epicentro en Córdoba, qué mejor testimonio de agradecimiento para ese pedazo de tierra cordillerano que se embejucó por orden estrictamente divina el 25 de enero de 1999 y que dejó un rastro de sangre y destrucción por todo el mapa regional.

Entretanto, la alcaldesa Luz Piedad obedeciendo al viejo ritual necrofílico decidió realizar como todos los años  una acción de gracias por los favores recibidos en el cementerio Jardines de Armenia.

Como se puede observar hay una empatía especial entre las dos mandatarias especialmente cuando se trata de elevar preces al creador y enviar un mensaje de convivencia a la grey.

Entre más separadas las “celebraciones” mejor será para el recordatorio.

Nunca he podido entender esa manía recurrente de los practicantes de cualquier religión, incluso de las que hoy pululan por cantidades industriales en cuanto garaje se atraviese, de dar gracias por los castigos recibidos.

Elevar agradecimientos en plegaria a dios por habernos matado a más de mil personas ese terrible 25 de enero de 1999 me parece por lo menos una inconsistencia moral. Cómo se puede agradecer a quien le propina a uno semejante desastre.

Más bien debiera hacerse un mitin de protesta en la catedral primada de Armenia ante ese papa chiquito que tenemos llamado Fabio para protestarle por el totazo que nos propinaran sin que nadie tuviese  culpa alguna.

Igualmente hay que recordar que el movimiento telúrico fue a mansalva y sobreseguro en medio de la obligatoria siesta de algunos y el almuerzo de otros, si era que había, nada más y menos que en medio de la modorra de la 1 y 19 minutos de la memorable tarde. Ese día nos jodimos los amantes de Ultima Hora Caracol  porque hasta la luz se fue y pilas no había en la alacena. No pudimos saber siquiera cómo  registraban los medios esa bendición que dios nos mandaba.

Recordar a los muertos es un acto de contrición personal de los familiares con el rito que les venga en gana pero lo extraño es que nuestros voceros oficiales se apropien de todo el clima natural del estropicio para dar agradecimientos en nombre de todos sus pupilos.

Cada 25 de enero del año cualquiera en adelante seguirá la misma procesión de náufragos y como borregos los mismos travestidos de hoy u otros harán genuflexiones y de rodillas elevarán mirada al cielo para rendir un tributo de admiración a quien nos creó, aunque  todos los días sin misericordia alguna,  nos aniquila sin que le tiemble la mano con avalanchas, inundaciones, incendios, tsunamis, o con todo lo  que se le antoje.

Mientras tanto exista el género humano habrá una inclinación masoquista por agradecer a quien le hace daño. Que así sea. Y por ahora ya llevamos 13 minutos de silencio, quién sabe cuántos más faltarán porque de pronto nos acaban del todo y de esa manera se terminarán las celebraciones y el divino hacedor se quedará sin quien le agradezca. Será eso lo que quiere al final.