27 de noviembre de 2021
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“Extrañando silencio”

30 de enero de 2012

pacho galvisAndarín incansable trajina más que una mala noticia. Lo mismo hoy puede estar parado en la puerta de la botica san Rafael en Yarumal, como mañana aterrizar en Cuba, Chile, o Río a gozar del Carnaval solo o acompañado y mejor solo habida cuenta de aquel viaje en que, habiendo llevado por Suramérica a distinguida y bella dama, no bien pusieron pies en tierra en Rionegro la muy horonda y mal gradecida, como hay algunas, le dijo que muchas gracias pero que ella lo que hubiera querido era haber ido a Europa, por lo que hasta ahí llegaron amistad y noviazgo del que no quedó descendencia y solo lo comido por lo servido del lado de allá de las fronteras.

Es sabido que mi nuevo mejor es persona ocupada, pero también muchas veces deber de andar más perdido que envolatado, no se sabe si fabricando pandequesos, mirando para los páramos, o amaestrando mariposas en el estómago, cazando musarañas en el Parque de Berrío, viendo desfilar oficinistas para el Metro, o todo lo anterior, porque de lo que sí estoy seguro es de no haberlo visto en el Parque Lleras, o en tal cual centro comercial de El Poblado donde les suelen quitar las amantes a los amantes unos tipos así de chiquiticos, de pronto venidos del reino de Liliput.

Lo envidio porque debajo de la gorra lleva muy bien cuidada parcial alopecia que de siempre desee para mí, para andar rapado y de cuero brillante como mi querido jefe muerto en olor de presidencia, el mariscal Alzate Avendaño. Es que la suerte de la fea la bonita la desea y por eso me he quedado en la mera codicia.

No hay mejor contertulio y consejero, hombre generoso, pero siendo difícil ponerlo al teléfono mucho peor es sentarlo a manteles, tanto es así que podría resultar más fácil hablar con Benedicto XVI o almorzar con Obama y necesitándolo con urgencia recordé al estratega Ulises, hijo de Laertes y Anticlea, Rey de Itaca y Lulicio, padre de la estratagema del Caballo de Troya y así mismo ideé la mía con tal de ponerlo a buen recaudo, recordando aquellos telegramas que nos enviaban las novias que íbamos dejando atrás abandonadas en el mortal mutismo, vacaciones tras vacaciones, y que decían: “extrañando silencio”.

Ahora no se usan los telegramas y entonces envíele un SMS al esquivo nuevo mejor amigo diciéndole lo mismo: “extrañando silencio” y esto sí que resultó más efectivo que una patada en las mismas criadillas porque ahí mismo apareció el hombre. Pero saben, se me volvió a desaparecer y lo necesito como pan para el desayuno. ¡Ayúdenme! ¿Qué más podría yo hacer que pedir socorro y ofrecer recompensa en indulgencias a quien me lo ponga al frente, vivo pero no muerto?

Tiro al aire: yo no quería decirles el nombre, pero si quieren adivínenlo: lleva por nombre el de EL Cid, por primer apellido el del “pollo vallenato” y por segundo el de aquel aparato de cuatro patas donde usted desayuna almuerza y come bien trancado. En todo caso, hijo, nieto y biznieto de yarumaleños, paisano muy notable del poeta de la raza.