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Reivindicar, sintaxis, desdeñar, aterir

14 de diciembre de 2011
14 de diciembre de 2011


efraim osorio

por  Efraim Osorio López
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Esta frase, escrita hace más de dos mil años, nos demuestra que la humanidad ha sido, es y será la misma en Roma, aquí y en la Patagonia.

Doña Lina Moreno, no ‘de Uribe’, sino una periodista del tabloide Q’hubo, dio a luz un hermoso gazapo ortográfico –hermoso, por su candidez y rareza- en la siguiente frase: “Parecía la oportunidad de rehibindicarse para Moreno…” (IX-24-11, “El profe nos dejó clasificados”). Más cándido y más raro, ¡imposible! “Reivindicarse”, señora. Este verbo, que significa “reclamar algo a lo que se cree tener derecho”, viene del genitivo singular ‘rei’ (de la cosa) del sustantivo latino ‘res’ (cosa) y del verbo ‘vindicare’ (‘reclamar a título de propiedad, reclamar, atribuirse; libertar, salvar; vengar’). De aquí, por tanto, su forma correcta de escribirse: ‘reivindicar-se’, ‘reivindicación’. Sólo como curiosidad, traigo a colación esta sentencia de Tácito, en la que utiliza el verbo latino ‘vindicare’ con el significado que tiene en ‘reivindicar’: “Prospera omnes sibi vindicant, adversa uni imputantur”: “Todos se atribuyen los sucesos prósperos, y los adversos se los achacan a uno solo”. Esta frase, escrita hace más de dos mil años, nos demuestra que la humanidad ha sido, es y será la misma en Roma, aquí y en la Patagonia. ***

Si alguien nos pidiese que “no abandonemos a Beethoven”, interpretaríamos esta solicitud de dos modos: el primero, que no olvidemos a este personaje extraordinario; y el segundo, que no descuidemos su obra. Esta misma doble interpretación se la di al titular del artículo del doctor Guillermo Orlando Sierra, “No abandonemos a Cervantes” (LA PATRIA, XI-25-11). Interpretación equivocada, es evidente, porque no se trataba de don Miguel de Cervantes, el genio de nuestra lengua, sino del barrio manizaleño Cervantes, destruido parcialmente por un derrumbe no hace muchas lunas. Para evitar estas confusiones, hay que echar mano del artículo determinado (“no abandonemos el Cervantes”) o, mejor, porque puede haber otra institución con ese nombre –existe, inclusive, el premio español de literatura “Cervantes”, que este año ganó el poeta chileno, Nicanor Parra-, expresar el nombre completo (“no abandonemos el barrio Cervantes”). A veces, la economía de palabras no es aconsejable. No obstante, no era esto de lo que quería hablar, sino de la falta de sintaxis en esta oración del mismo artículo: “Al final del texto, propuse que en la Universidad de Manizales tenemos las puertas abiertas para que hagamos el gran debate”. Ello es que, cuando el verbo de la oración principal expresa algún acto de la voluntad, el de la subordinada debe construirse en subjuntivo, presente en este caso, así: “…propuse que en la (…) tengamos las puertas abiertas…”. Es más común, sin embargo, y obviando la oración subordinada, emplear el infinitivo para el verbo, por ejemplo, “…propuse tener las puertas abiertas en la Universidad de Manizales para el gran debate”. Termina su artículo con esta frase: “…y una sociedad más equitativa y respetuosa de los otros y de las otras”. No hago ningún comentario sobre este farragoso ‘lenguaje incluyente’, porque sé que es machacar en hierro frío. Lenguaje que, además de nocivo e inútil, es traicionero, porque, por ejemplo, hizo que el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, dijera ‘urbi et orbi’ y ‘en vivo y en directo’ que habían capturado a una ‘miembra’ de las Farc. ¡Virgen del Agarradero!

La diferencia que existe entre los verbos transitivos e intransitivos hace que la construcciones de las respectivas oraciones sea también diferente, porque los primeros admiten complemento directo; los segundos, no. En la siguiente oración, el señor Andrés Felipe Betancourth López emplea el verbo ‘desdeñar’ como si fuese intransitivo: “No somos japoneses, y lo que somos corresponde a una historia y una tradición cultural de la que no desdeño…” (LA PATRIA, XI-25-11). Con este verbo, la construcción debió hacerse de este modo: “…y una tradición cultural que no desdeño”, oración en la que el pronombre relativo ‘que’ es el complemento directo. `Desdeñar’ (‘despreciar, menospreciar, desestimar’) viene del verbo deponente latino ‘dedignari’ (dedignar, considerar indigno). Puede ser también pronominal, con la preposición ‘de’ (“me desdeño de vivir encerrado”); en realidad, muy poco usado de esta manera. ***

El verbo ‘aterirse’ (“Pasmarse de frío”), defectivo como pocos, se usa únicamente en el infinitivo (‘aterirse’) y en el participio pasado (‘aterido’), aunque, de acuerdo con la Academia, podría utilizarse en otras inflexiones cuya desinencia empiece por ‘i’.  Sea de ello lo que fuere, este verbo no tiene más significados que el expresado arriba. El doctor César Montoya Ocampo le da otro en estas oración: “Esta es una pared pétrea (…), que protege a una nación aterida por los desvíos criminales de la subversión” (LA PATRIA, XI-17-11). ¿Lo confundió con ‘atribular’?