17 de mayo de 2022
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Nuevo acuerdo para salvar a Europa

24 de diciembre de 2011
24 de diciembre de 2011

Todo iba bien hasta que llegó la recesión en 2008 y desnudó la realidad: quedó en evidencia la fragilidad del euro; pero aparecieron nuevas desgracias como los serios problemas de Grecia, Irlanda, Portugal y España, que son muy graves. Pero lo de Italia produce terror: es la tercera economía de la región, detrás de Alemania y Francia y su catástrofe arrastraría en su caída a toda Europa. En esta lenta agonía la crisis económica castiga a los gobernantes. En Portugal e Irlanda hubo remezón político; en Grecia salió el primer ministro Yorgos Papandréu y entró el exvicepresidente del Banco Central Europeo, Lucas Papademos; en Italia tumbaron a Silvio Berlusconi y, en España, el PSOE fue derrotado por la derecha, dirigida por Mariano Rajoy.

El desastre de Italia

Después de una carrera política de 18 años tuvo que renunciar el primer ministro Silvio Berlusconi, quien se había sostenido en el poder gracias a su fortuna de nueve mil millones de euros que le permiten controlar un periódico y las tres más grandes cadenas de televisión privadas. El abuso del poder, la corrupción, la dolce vita, los escándalos sexuales, los procesos judiciales y la crisis del país, lo arrojaron del gobierno. La nación está al borde de la quiebra: la deuda es de 2,6 billones de dólares, cerca del 130% del PIB, lo que supera las de Grecia, Irlanda, Portugal y España, juntas. Lo  más grave es que en el pasado mes de noviembre el rendimiento de los bonos italianos a 10 años llegó a 7,45%, esto significa que la deuda es insostenible. De este modo la crisis económica se transformó en catástrofe política y Berlusconi tuvo que dejar el gobierno.

Italia había sido arrastrada por la recesión que se inició en 2008, que empezó por golpear el sector turístico y luego castigó las otras áreas de la economía. La angustiosa situación no se pudo maquillar y en el mes de octubre informó la presidenta de Confindustria que “el país es víctima de la parálisis y no existe iniciativa por parte del Gobierno, en un momento muy difícil de la economía”. El déficit se había disparado, la deuda estaba por las nubes y el desempleo  alcanzaba el 10%

Hay mucho para corregir en la economía italiana sobre todo en aspectos de transparencia administrativa; aquí predomina el nepotismo, la evasión de impuestos, las relaciones personales o políticas para conseguir empleo, el clientelismo, la mafia que controla un pedazo grande de la economía y de los contratos del Estado y la cultura del desorden. Esta situación la conoce muy bien  el nuevo primer ministro Mario Monti, economista reconocido, quien al aceptar el reto dijo que “Italia debe volver a sanear su economía y a emprender de nuevo el camino del crecimiento. Es algo que debemos a nuestros hijos, a quienes tenemos que dar un futuro concreto de dignidad y esperanza”. Para lograr este objetivo tiene una difícil tarea, emprender reformas muy sensibles e impopulares: tocar el tema de pensiones y la privatización de los servicios públicos.

El nuevo gobierno, de corte tecnocrático, empezó por aplicar las nuevas medidas de austeridad. El primer paso apunta a reunir 24 mil millones de euros mediante el aumento de impuestos y recorte del gasto, para equilibrar el presupuesto en los próximos dos años. Las duras medidas incluyen extender la edad para el retiro, congelar las pensiones, aumentar los impuestos  y recortar 2.500 millones en gastos de salud. Los líderes sindicales rechazaron las medidas fiscales, pero los dirigentes empresariales las vieron como “necesarias para salvar a Italia y al euro”.

La crisis del euro. Se prolonga la agonía

Los 17 países de la eurozona viven su propia tragedia, por las dificultades para seguir sosteniendo la moneda común; todo empezó con los países más débiles pero hoy se ha encarecido la deuda de 12 naciones de la zona euro y se habla de “la defensa del euro a toda costa”. Es tan grave la situación que la deuda estatal francesa también se ha visto afectada. Pero hay otros problemas de fondo: el euro nació prematuro; cuando se formó la Unión Europea no estaban dadas las condiciones para la moneda única, por la diferencia entre países pobres y ricos y porque no hubo una verdadera integración. Como consecuencia, cuando llegó la catástrofe financiera de 2008, la tormenta económica golpeó con más furia a los países pobres llamados “Pigs” (Portugal, Italia, Grecia y España); estas naciones no pudieron sanear las arcas públicas y llegó el desplome del euro.

En este punto se comprobó la falta de liderazgo para enfrentar la crisis, y llegaron las consecuencias: los 27 países tuvieron un crecimiento de sólo el 0,1% y el desempleo superó los 15 millones de personas; Europa no fue capaz de lograr la unión política para que las naciones funcionen como “estados estadounidenses”. Por lo tanto los países aplican medidas individuales, aunque saben que la solución debe ser integral, por la globalización de la economía.

Europa fue golpeada en su orgullo, pues se parece a los países latinoamericanos de los años ochenta: endeudamiento, bajo crecimiento económico, gasto público exagerado, bancos anémicos, malestar social, protestas multitudinarias, y naciones con vacío de poder. Para enfrentar la situación algunos países como España, están recogiendo la experiencia latinoamericana. Al respecto escribió el analista internacional Moisés Naim en El País, de España, que “Europa debe aprender de los errores y aciertos de América Latina”.

El futuro de la Unión Europea

En los últimos meses la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente de Francia Nicolás Sarkozy emprendieron una ardua tarea para salvar la eurozona. Al respecto dijo Sarkozy que “¡Europa es una necesidad!” y agregó que “una crisis como esta no puede repetirse”. Sobre el mismo tema anotó Ángela Merkel: “Somos 17 países y tenemos una moneda común, pero no existen políticas fiscales o económicas, uniformes. Esto es una falla de construcción”.

Y llegó la cumbre de los líderes de la UE (9 de diciembre) para salvar la eurozona. Los acuerdos incluyen una estricta disciplina fiscal, el castigo a países deudores y nuevas ayudas en 2012: el déficit de cada nación no podrá superar el 0,5% del producto interno bruto (PIB) y si traspasa el límite del 3% PIB, se hará merecedora de sanciones automáticas. Estas medidas más la ayuda económica para los países necesitados están orientadas a salvar el euro, la eurozona y la UE. Pero la tarea no es fácil. El primer ministro británico, David Cameron, no avaló el pacto porque “las condiciones del acuerdo son inaceptables” y agregó que estaba feliz de no pertenecer a la zona euro.

Por primera vez en la historia de la UE se dejó de lado el principio democrático y empezó a funcionar la dictadura de Merkel y Sakozy. Pero la crisis de Europa no es un caso aislado pues hace parte del mismo engranaje que envolvió a Estados Unidos; basta recordar las palabras de Christine Largarde, directora del FMI quien dijo que la economía global corre el riesgo de hundirse en “una espiral descendente de incertidumbre e inestabilidad financiera”.