3 de agosto de 2020
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No queremos más héroes

14 de diciembre de 2011
14 de diciembre de 2011


victor zuluaga

Por Víctor Zuluaga Gómez
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Sentado en el sofá, comencé a ver el noticiero (todos dicen lo mismo, hablan de lo mismo, son lo mismo), para confirmar lo que ya las noticias de la radio habían anunciado sobre el asesinato aleve de unos miembros de las fuerzas militares que estaban en poder de la guerrilla. Pero confieso que llegó un momento en el cual tuve que apagar el televisor porque no podía soportar tanto dolor de madres, hijos, hermanos y colombianos que suficiente sangre hemos visto rodar a lo ancho y largo de nuestro país.
Los locutores, entonces, hablan con el hijo de uno de los hijos de un secuestrado muerto y comienza un interrogatorio infame: ¿Cómo te enteraste de la muerte de tu padre?. ¿Qué sentiste cuando supiste que habían asesinado a tu papá?. ¿Qué piensas de los asesinos? ¿Cómo piensas que será esta navidad, sabiendo que ya no vendrá tu padre? Y así sucesivamente, hacen llorar a las víctimas y todo ello se va convirtiendo en un espectáculo para el televidente.
Lo hecho por la guerrilla no tiene justificación, tanto la retención de un ser humano, para someterlo de manera infame a torturas sin fin; y desde luego que tampoco la tiene el hecho de quitarles la vida, así sea como represalia por el hostigamiento que en determinado momento tengan por parte del ejército.
Cualquier proyecto político que recurra a la fuerza para imponer sus  puntos de vista, es repudiable; llámese proyecto bolivariano, movimiento por la democracia, revolución popular o lo que sea.
Pero finalmente, no podemos pasar por alto el hecho de que en nuestro país tenemos ciudadanos de primera y de segunda clase, al estilo del siglo XIX: a las personas como Ingrid Betancur, a los norteamericanos, les gastan toda la inteligencia necesaria y todos los recursos que se puedan necesitar para lograr una liberación exitosa. Pero infortunadamente no ocurre lo mismo cuando se trata del soldado Pedro Pérez. Para la liberación de estos últimos basta el hostigamiento a sangre y fuego, que tanto dolor y muerte ha causado en los secuestrados. Porque es muy fácil hablar de guerra a muerte cuando se está en una posición ventajosa, o lo mismo, cuando esta orden proviene de un general de tres soles o de un ministro, que da la orden desde una cómoda silla de su oficina que se encuentra rodeada por guardaespaldas armados hasta los dientes.
El llanto de un familiar de una víctima pidiendo que cesen  los rescates a sangre y fuego, pareciera que no producen ningún efecto, porque no está de por medio el gobierno norteamericano o tampoco el embajador de Francia, que no permitieron el rescate de personajes importantes, por los mismo métodos que acaban de emplear, así el señor Ministro de la Defensa diga que estaban en proceso de ubicación de los secuestrados.
Hoy como ayer y como mañana, la única salida al conflicto para bien de todos los colombianos, es el diálogo, es la puerta abierta a la discusión y a la reconciliación, que tanta falta nos hace desde el mismo momento en que nos constituimos en República.
No queremos más héroes, sobre todo de aquellos que reciben tal honor cuando se encuentran en un ataúd.