3 de agosto de 2020
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La historia del náufrago

15 de diciembre de 2011
15 de diciembre de 2011

Gabriel García Márquez era en ese entonces un reportero más del diario El Espectador. Enterado del naufragio hizo todo lo posible por entrevistar al único sobreviviente. Para lograrlo citó al protagonista en un café de la Avenida Jiménez y, allí, entre tinto y tinto, logró que Luís Alejandro Velasco le contara su historia. En 14 sesiones de 4 horas diarias el joven reportero logró sacarle todos los detalles de su aventura en el mar. Fue así como logró estructurar una historia que no obstante parecer inverosímil se constituyó en un verdadero suceso periodístico. En esa narración descarnada estaba el talento de un escritor que, de continuar por ese camino, daría mucho de qué hablar en el futuro.

Don Guillermo Cano fue el primero en convencerse de la calidad literario-periodística de la historia trabajada por su redactor. Aunque en un principio recibió las crónicas con cierta prevención su entusiasmo se hizo latente cuando empezó a ver la acogida que al tema le daban los lectores. Cosa rara, en las cinco primeras entregas la circulación del periódico se dobló. Era una historia muy bien narrada. Por su parte don Gabriel Cano, que leyó asombrado las dos primeras crónicas, no pudo contener su curiosidad. Fue cuando, al tercer día, le preguntó: "Dígame una cosa, tocayito: ¿eso que usted está escribiendo es novela o es verdad?". A lo que García Márquez contestó: "Es novela porque es verdad, y todo minuciosamente".

Gracias a estas crónicas Luís Alejandro Velasco se convirtió en héroe nacional. Fue condecorado por el Presidente de la República, besado por las reinas de belleza, paseado con orgullo por todo el territorio nacional y exhibido en programas de televisión. Además su imagen fue utilizada para promocionar artículos de demanda masiva. Un buen día, cansado de soportar el peso de su heroísmo, se decidió a contar la verdad. Entonces dijo que ese 28 de febrero de 1955 cuando ocurrió el naufragio no hubo ninguna tormenta. Simplemente la nave dio un bandazo, y la carga de electrodomésticos de contrabando que traía para altos oficiales de la Armada Nacional se soltó. Venía mal estibada en la cubierta. Y, además, tenía sobrepeso.

La revelación de la verdad sobre la causa de lo sucedido esa mañana llevó a Luís Alejandro Velasco al ostracismo. A partir de ese momento dejó de ser el héroe nacional exhibido en toda actividad pública, el ejemplo de supervivencia para las nuevas generaciones, el prototipo de hombre capaz de superar todas las adversidades. Se convirtió, entonces, en un simple delator. La dictadura de Rojas Pinilla lo consideró indigno. Días después fue despedido de la Armada. Al mismo tiempo el periódico y el reportero empezaron a ser objeto de fuertes presiones. Sin embargo, esto no impidió que la historia fuera publicada una semana más tarde en un suplemento especial.

La lucha de Luís Alejandro Velasco por la supervivencia, su batallar con las olas, el dominio de la frágil balsa, la pelea con los tiburones, son narrados por el reportero en primera persona, tomándose licencia para contar la historia como si fuera suya. Muchos años después, debido al éxito literario de García Márquez, las crónicas fueron recogidas por Editorial Tusquets en un libro bajo el título de "Relatos de un náufrago". Consciente  de que "hay libros que no son de quien los escribe sino de quien los sufre", García Márquez le cedió más tarde a Luís Alejandro Velasco los derechos de autor de las ediciones en castellano. Hasta que un día cualquiera de 1993 entabló una demanda en su contra para que esos derechos volvieran a su propiedad.