26 de mayo de 2022
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El caso de la Fiscal General

29 de diciembre de 2011

 

pacho galvisEn el mensaje de despedida el soberano manifestó que: “encuentro imposible poder soportar la pesada carga de responsabilidad y poder desempeñar mis deberes como rey del modo que a mí me gustaría, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo”. Acto seguido partió hacia Viena.

Me ha parecido conveniente traer a cuento aquel episodio de novela, ahora que la opinión ilustrada del país se ocupa del caso de la señora Fiscal General Viviane Morales porque, guardadas la proporciones, podría de algún modo sugerir el ejemplo a seguir.

El caso es que, como cualquiera persona, la doctora Morales tiene derecho a auto determinarse en su vida afectiva y elegir la opción de vida que le plazca, eso tratándose de una persona del común, pero teniendo en cuenta que ella ahora no es un prójimo cualquiera, resulta válido discurrir sobre la conveniencia de su segundo matrimonio con galán bien conocido en los estrados, por demás convicto, hallándose ya en ejercicio de la segunda responsabilidad del Estado, preciso encargada de la investigación criminal, cuestión que no es de poca monta.  

Que yo sepa, la jurisprudencia colombiana nada dice todavía acerca de hasta donde se puede vulnerar la vida privada de los personajes públicos. En cambio, la doctrina española es rica en la consideración de este asunto con puntos de vista encontrados. Yo, sin embargo, estoy del lado de aquellas voces que predican con claridad que asuntos relevantes de la vida privada de los personajes públicos no puede gozar de inmunidad, cuando sus conductas afecten el bien común, o también la confianza de los ciudadanos en su qué hacer oficial.

Recuerdo que recién posesionada, un periodista de la radio le preguntó a la doctora Viviane por su relación sentimental con el señor Lucio, recibiendo como respuesta una protesta relativa a la defensa de su vida privada. Lo anterior, sumado a que a poco andar sucede el reincidente matrimonio, autoriza a pensar que al tiempo de la formulación de la terna y de la elección ya ellos estaban de nuevo relacionados y, si así fuera, querría decir que información tan relevante le fue ocultada al presidente de la República y a la Corte Suprema, relevante en cuanto a que los antecedentes judiciales del señor Lucio, por demás conocido intrigante, para nada habrían recomendado la elección de la distinguida dama o que, conociéndola, el señor presidente y la Corte obraron a sabiendas, cosa que dudo aunque en el mundo estamos y no en el cielo.

La opinión pública tiene por cortinas de humo las recientes acciones de la Fiscalía en contra del general Mario Montoya Uribe, de Luis Carlos Restrepo, del Procurador General y de la Contralora General, destinadas a restarle gravedad y trascendencia a aquel suceso y lo que se está logrando es afectar aún más la institucionalidad de la Fiscalía General y minar la confianza de los ciudadanos hacia la figura de la señora Fiscal General. Mucho temo que estos casos puedan resultar falsos positivos y el tiempo lo dirá.

Por decirlo de alguna manera gráfica, Pedro Pataquiva bien podría casarse con Yidis Medina, pero no sería aconsejable que lo hiciera el Procurador Ordoñez Maldonado. Así que no conviene que el Estado tenga por Fiscal General a una persona casada con un delincuente, como es el caso del señor Lucio.

Claro está que no estamos en Inglaterra, pero la lamentable realidad es que la señora Fiscal debería dar el paso al costado y disfrutar sin intrusiones de la grata vida sentimental a la que tiene perfecto derecho: es joven, inteligente y bella.

Tiro al aire: el respaldo del presidente del Polo, señor Dusán Calderón, es como haberle aplicado los santos óleos a la señora Fiscal General.