15 de junio de 2021
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Y de nuevo la negociación del salario mínimo

8 de noviembre de 2011
8 de noviembre de 2011

Al respecto ya el Gobierno se ha pronunciado a través del Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, quien, como era de esperarse recomienda prudencia para la fijación del mínimo salarial, puesto que un alza “desmedida” podría afectar los avances que parece estar teniendo la generación de empleo en Colombia, argumento este que conocemos de memoria tras décadas de escucharlo cada vez que se presenta la coyuntura de negociación, de acuerdo al cual, el salario mínimo ni siquiera debería existir, pero si existe, como en efecto sucede en Colombia, debería ser bajo en época de alto desempleo, y en época de recuperación, también.

La recomendación del Ministro Echeverry replica la fórmula que invariablemente han usado sus antecesores para fijar los salarios, correspondiente al reconocimiento de la inflación más la productividad, usando la inflación esperada que siempre es más baja que la causada y la productividad total de factores, que no corresponde a la productividad del trabajo y que además, la fija con criterio político Planeación Nacional.

Además del pronunciamiento de Hacienda, se encuentra también sobre la mesa la propuesta de Anif, que, aunque usa una fórmula similar, llega a la conclusión de que el alza del mínimo debería ser del 5% y en cualquier caso no superar el 5,2%. La fórmula de Anif considera una estimación de la inflación causada en 2011 de 3,3%, más la productividad del trabajo, equivalente al 1,9%.

Consideramos que la propuesta de Anif, siendo sumamente restrictiva del ingreso de los trabajadores, está elaborada sobre criterios técnicos más serios que los de Hacienda, pues no solo usa la inflación causada en oposición a la inflación esperada, sino que también, reconoce la productividad que debe ser considerada es la productividad del trabajo, y no la productividad total de factores, que ellos estiman en 0,5%.
De otro lado se encuentra la postura de las centrales obreras que han planteado iniciar la negociación con una propuesta de alza entre el 6% y el 8%, es decir, entre el máximo de lo propuesto por Anif, y el mínimo de las centrales obreras, solo hay 0,8 puntos de diferencia, de donde se generan expectativas de que por primera vez en varios años podría llegarse a un acuerdo en materia de fijación del salario mínimo.

Sin embargo, aun con la expectativa de acuerdo nos parece que la propuesta de entrada de las centrales obreras resulta aún insuficiente si se considera un horizonte de ingreso para los trabajadores más ajustado a una política de superación de la pobreza y la desigualdad en Colombia. En años anteriores hemos mostrado que para que un trabajador pueda ubicarse por encima de la línea de pobreza, necesitaría devengar un salario cercano a los $800.000, sin embargo, en esta ocasión la comparación resulta afectada por el cambio de la metodología para la medición de la pobreza, que disminuyó sensiblemente el valor de la canasta, lo cual sin duda, se constituye en una dificultad técnica para la defensa de un incremento salarial significativo.

Es evidente que en el plano institucional existen cada vez más dificultades objetivas para la reivindicación del trabajo, como resultado de décadas de implementación de políticas de flexibilización y deslaboralización, y las consecuencias que de ellas se derivan en materia de (des)organización y (des)politización de los trabajadores.

De acuerdo con esto resulta imperativo centrar la disputa en el terreno de la consciencia de los trabajadores, solo a partir de una amplia y profunda comprensión de la realidad del trabajo y del papel activo que pueden jugar los trabajadores en su transformación, es posible pensar en conseguir un cambio sustantivo en las posibilidades de dignificación del mundo del trabajo.