28 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Una cadena de paradojas que asfixia el espíritu

8 de noviembre de 2011

Sin embargo resulta paradójico, que en la era contemporánea cuando los procesos de predicción están cimentados sobre la base del conocimiento científico, que acaezcan acontecimientos como el ocurrido el miércoles 19 de octubre en la planta de tratamiento Luis Prieto Gómez, que sugiere negligencia y una insuficiente gestión de riesgo por parte de la Alcaldía y la empresa Aguas de Manizales. Estos tormentosos episodios, despiertan  deseo de retornar a los tiempos ancestrales, cuando las advertencias de un consejo de ancianos o de una joven nigromante, aunque arcaicos, eran escuchados y servían como base para la prevención de catástrofes.  

Después de haber pasado 410 horas sin agua, y de soportar los balbuceos incesantes de la Administración Municipal y de Aguas de Manizales, la desgracia llama de nuevo a la puerta, ahora en el Barrio Cervantes, tras un desafortunado evento rodeado por una cadena de hechos difusos, que parecen ser el segundo volumen de “La crónica de una muerte anunciada”. Hasta el momento, esta tragedia ha dejado más de 44 muertos, en una zona que había sido decretada en alerta roja, y ante el cual los entes y las autoridades  gubernamentales, como es costumbre en estas latitudes, se lavan las manos.     

Tras los recientes acontecimientos, una nebulosa grisácea envuelve la ciudad. Los ciudadanos caminan cabizbajos, probablemente por causa de los problemas cervicales y lumbares ocasionados tras cargar recipientes rebosantes de agua durante más de 15 días. También se palpan las millonarias pérdidas económicas del sector comercial, o quizás, el sentimiento doloroso de constrición, tras observar el panorama desolador en el barrio Cervantes.    

Sin embargo, es paradójico que en medio de la desgracia, la ciudadanía permanezca en su letargo habitual y que haya decidido privilegiar un proyecto político que representa la continuidad de la nefasta administración de los últimos años, que tiene exangüe y al borde del colapso a la ciudad;  que en contra de la voluntad general implantó el TIM y el impuesto a la “seguridad”, y que además, deja una estela de interrogantes acerca de la gestión del riesgo y los recursos en Manizales.

En medio de esta inusual cadena de paradojas, que pulverizó la confianza de la ciudadanía en las instituciones públicas y que ahora amenaza seriamente el bienestar de la ciudad, sería conveniente preguntarse: ¿Dónde está el espíritu de movilización y decisión de Manizales?